Un amplio estudio publicado en el Reino Unido revela que la terapia de reemplazo hormonal se asocia con un riesgo significativamente menor de desarrollar la enfermedad de Alzheimer, y que el momento de inicio y los factores biológicos específicos de cada mujer modifican estos efectos protectores.
El impacto de la terapia hormonal en la salud cerebral femenina
La demencia afecta a millones de personas en todo el mundo, y las mujeres representan casi dos tercios de los casos de la enfermedad de Alzheimer, la forma principal de este trastorno neurodegenerativo. Para comprender mejor esta disparidad, investigadores de la Universidad de East Anglia y la Universidad de Exeter analizaron datos de más de 180.000 mujeres posmenopáusicas en el Reino Unido, en el mayor estudio de este tipo realizado hasta la fecha.
El seguimiento medio abarcó 13,3 años y permitió identificar casi 4.000 casos de demencia. Los resultados generales mostraron que aquellas mujeres que habían utilizado el tratamiento hormonal sustitutivo presentaban una reducción del 16% en el riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer en comparación con quienes nunca recurrieron a esta alternativa médica, según detallan las publicaciones sobre la investigación difundida en el ámbito internacional.
Diferencias clave según el perfil biológico y la menopausia quirúrgica
El beneficio del tratamiento no se manifiesta de manera uniforme en todas las pacientes. Anne-Marie Minihane, directora del Instituto Norwich para el Envejecimiento Saludable en la Universidad de East Anglia, señaló que la investigación buscó determinar si determinados grupos de mujeres responden de forma distinta a las hormonas.

Anne-Marie Minihane, de la Facultad de Medicina de Norwich en la Universidad de East Anglia, indicó que descubrieron que la terapia de reemplazo hormonal es especialmente beneficiosa para las mujeres que han pasado por una menopausia quirúrgica, por ejemplo, tras la extirpación de los ovarios, y añadió que en este grupo aquellas que utilizaron la terapia presentaron alrededor de un 26% menos de probabilidad de desarrollar demencia en comparación con las mujeres que no la usaron.

Asimismo, el análisis indicó que las mujeres cuyos cuerpos produjeron de forma natural una menor cantidad de estrógenos a lo largo de su vida —debido a una menarquia tardía o a una menopausia precoz— también obtuvieron una mayor ayuda de la terapia, registrando un riesgo un 16% menor frente a las no usuarias. En paralelo, un estudio complementario publicado en la revista médica Neurology analizó autopsias y escáneres cerebrales, concluyendo que el uso de estrógenos solos durante la edad adulta tardía se asocia con menores signos de patología de Alzheimer y menor acumulación de placas amiloides en el tejido cerebral.
La hipótesis de la ventana crítica y el factor genético APOE4
El momento en el que se inicia la intervención hormonal resulta determinante para maximizar su potencial protector. Las mujeres que comenzaron el tratamiento entre los 46 y los 56 años experimentaron la mayor reducción en el riesgo de demencia. Este hallazgo respalda la denominada hipótesis de la ventana crítica, que postula que la terapia ofrece mayores ventajas cuando se administra cerca de la transición menopáusica.

Además, la genética cumple un papel fundamental en la respuesta orgánica. La asociación entre el tratamiento y la reducción del riesgo de Alzheimer demostró ser más marcada en aquellas mujeres portadoras de la variante genética APOE4, un conocido factor de riesgo. Como explicó el equipo científico, este grupo suele considerarse de mayor vulnerabilidad y cuenta con opciones limitadas de prevención establecida.
Los datos también muestran que el uso exclusivo de estrógenos —excluyendo regímenes combinados con progestina— ayuda a proteger contra los biomarcadores característicos de la enfermedad en determinados subgrupos analizados a través del National Alzheimer’s Coordinating Center y el Alzheimer’s Disease Neuroimaging Initiative. No obstante, los especialistas enfatizan que los efectos sobre la salud cerebral son complejos y dependen de variables biológicas individuales que requieren enfoques médicos cada vez más personalizados.
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