Para muchos, el guion de estas fiestas ha sido el mismo: comida navideña, brindis de Año Nuevo y directamente a la cama con el termómetro. Con el auge de la gripe que ha obligado a permanecer en cama a casi un millón de personas solo en la última semana de diciembre, la búsqueda de remedios rápidos ha vuelto a ser una prioridad para los italianos. Y entre los consejos de la abuela, el de la “tisana caliente para sudar y desinfectar la garganta” sigue siendo un clásico atemporal. Pero peligroso.
Sí, porque detrás de esa taza humeante que parece prometer alivio, se esconde un riesgo que la ciencia ya ha certificado: beber líquidos a temperaturas demasiado altas no solo no “mata los virus”, sino que puede causar daños graves, hasta aumentar el riesgo de cáncer de esófago.
El mito de la bebida “que quema”
La idea de que una bebida debe estar “hirviendo” para ser eficaz es un falso mito. La creencia de que el calor extremo puede “desinfectar” la garganta es científicamente infundada por una simple razón: las temperaturas necesarias para matar virus y bacterias instantáneamente serían incompatibles con la vida de nuestros tejidos.
Por el contrario, el shock térmico provocado por líquidos superiores a los 60-65°C causa microlesiones repetidas en la mucosa del esófago. Estas heridas invisibles, si se repiten en el tiempo (como ocurre con quienes beben a menudo café, té u otras sopas/bebidas hirviendo), crean un estado inflamatorio crónico que obliga a las células a regenerarse continuamente. Y es precisamente en este proceso de reparación forzada donde pueden producirse errores en la replicación celular, abriendo la puerta a patologías tumorales.
El veredicto de la ciencia: “Probablemente cancerígeno”
La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (Iarc), que depende de la OMS, ha incluido las bebidas (en particular té y mate) consumidas a temperaturas superiores a los 65°C en el grupo 2A, el de las sustancias “probablemente cancerígenas” para el ser humano (aquí un video explicativo). Atención: no es el café o el té en sí lo que está acusado (de hecho, si se beben a temperaturas normales entran en el grupo 3, es decir, no clasificables como cancerígenos), sino que el calor es el factor de riesgo. Un estudio realizado en 50.000 personas en Irán demostró que quienes bebían té regularmente por encima de los 60°C tenían un 90% más de probabilidades de desarrollar un carcinoma de esófago en comparación con quienes lo bebían tibio.
La “regla de los 5 minutos”
Si las bebidas hirviendo son peligrosas, ¿cuál es la temperatura adecuada para disfrutar de una tisana curativa sin riesgos? Los expertos coinciden en que el umbral de seguridad está por debajo de los 60°C. Pero como nadie lleva un termómetro de cocina en el bolsillo, aquí hay una forma práctica de regularse:
1 La prueba del sorbo: si no pueden beber un sorbo entero sin tener que aspirar aire para enfriarlo (“slooping”), está demasiado caliente. Dejen que se temple;
2 La regla del tiempo: después de verter el agua hirviendo (100°C) sobre la bolsita, déjenla en infusión durante los clásicos 3-5 minutos, luego quiten la bolsita y esperen otros 4-5 minutos antes de beber. Este tiempo permite que la temperatura baje naturalmente por debajo del umbral de riesgo;
3 El truco de la leche: añadir una gota de leche fría o a temperatura ambiente reduce instantáneamente la temperatura en unos 5-10 grados, haciendo que la bebida sea inmediatamente más segura.
Por qué tibio es mejor (incluso para la gripe)
Independientemente de que no sea el frío en sí lo que nos enferma (de hecho, exponerse a bajas temperaturas puede ser beneficioso), beber una tisana a 50-60°C no solo es más seguro para el esófago, sino también más eficaz para la gripe. A esta temperatura, el líquido es lo suficientemente caliente como para favorecer la vasodilatación y disolver la mucosidad, pero no irrita las mucosas ya inflamadas por el virus. Una garganta irritada es, de hecho, una garganta herida: verterle agua hirviendo es como echar alcohol sobre un corte vivo. Aumenta la inflamación y el dolor, retrasando la curación. Por lo tanto, en estos días de convalecencia, preparen su tisana con miel y limón. Pero antes de beberla, hagan un favor a su salud: dejen la taza, esperen cinco minutos y dejen que se convierta en un placer, no en una quemadura.
