A lo largo de los siglos XIX, XX y XXI, el tratamiento de los prisioneros de guerra (POW) ha sido un tema complejo, marcado por la evolución de las consideraciones humanitarias y las realidades del conflicto. Si bien la captura podía significar el fin de las hostilidades para un soldado, a menudo representaba el comienzo de un nuevo capítulo de sufrimiento, privación y dolor.
Los prisioneros de guerra, ya sea retenidos por períodos de cinco meses o cinco años, enfrentaron rutinariamente torturas, inanición y enfermedades. A menudo aislados de cualquier comunicación con sus seres queridos, dependían unos de otros para obtener apoyo y sobrevivir.
Según investigaciones recientes, el estudio de las experiencias de los prisioneros de guerra revela nuevas conexiones entre el trato humanitario, las vivencias de la cautividad y el castigo infligido a estos individuos.
