Una empresa vinculada al círculo de Trump, cerca de gestionar un megaproyecto energético en Bosnia
En una calle secundaria de Sarajevo, tras una puerta blanca situada junto a un jardín descuidado, se encuentra la sede de una compañía que está a punto de adjudicarse contratos por valor de más de 1.000 millones de dólares. AAFS Infrastructure and Energy se perfila como la encargada de construir y operar un gasoducto a través de los Balcanes, un proyecto diseñado para sustituir el suministro de gas ruso por combustibles fósiles provenientes de Estados Unidos.
Aunque el proyecto es calificado por altos funcionarios locales —que prefieren mantener el anonimato debido a la sensibilidad de las negociaciones— como una de las obras de infraestructura más importantes en la historia de Bosnia y Herzegovina, la empresa carece de antecedentes en proyectos de esta magnitud. Su principal activo parecen ser sus conexiones personales con Donald Trump.
Entre sus representantes se encuentran un abogado de Washington que ha trabajado para la familia Trump en casos políticos y el hermano del exasesor de seguridad nacional del presidente. Ambos estuvieron involucrados en la campaña para revertir la derrota electoral de 2020. Una investigación de The Guardian, basada en documentos corporativos y entrevistas con funcionarios, subraya cómo esta operación se inscribe en una dinámica donde los límites entre la política gubernamental y los intereses económicos del círculo cercano al poder se tornan difusos.
Un entramado de influencias
El representante local de AAFS, Amer Bekan, registró la empresa en Bosnia en 2021. Sin embargo, el salto cualitativo se produjo el año pasado, tras la incorporación de sus socios estadounidenses. La firma bosnia es ahora propiedad de una entidad del mismo nombre registrada en Washington, cuya dirección coincide con la sede del grupo legal Binnall Law Group.
Jesse Binnall, figura clave en esta estructura, ha sido un abogado destacado en la defensa de la causa MAGA, representando a Donald Trump y a su hijo mayor en litigios relacionados con el asalto al Capitolio. Además, desde el regreso de Trump al poder, Binnall logró un acuerdo de 1,25 millones de dólares para Michael Flynn, exasesor de seguridad nacional, tras alegar una persecución injusta a pesar de sus previas admisiones de haber mentido al FBI.
Aunque los departamentos de Estado y la Casa Blanca han señalado que el proyecto del gasoducto es una prioridad que busca reducir la dependencia energética de una «fuente poco fiable», la falta de una licitación competitiva ha encendido las alarmas. Transparencia Internacional advirtió que establecer este precedente en un país con altos índices de corrupción podría tener consecuencias «catastróficas».
El papel de los actores locales
La viabilidad del proyecto depende en gran medida del apoyo de Milorad Dodik, líder de los serbios de Bosnia. Tras haber sido sancionado por la administración Biden bajo acusaciones de corrupción y enriquecimiento ilícito, Dodik inició una campaña de cabildeo para ganarse el favor del entorno de Trump, llegando a contratar a Michael Flynn. En octubre pasado, la administración Trump levantó las sanciones contra Dodik sin ofrecer explicaciones públicas.
La visita de Donald Trump Jr. A Banja Luka en abril consolidó este acercamiento. Durante el evento, Igor Dodik, hijo del líder serbio, enfatizó la alianza con la administración republicana. Poco después de esta visita, el 21 de abril, Milorad Dodik indicó que no obstruiría el plan del gasoducto liderado por los socios de Trump.

A pesar de que la Unión Europea ha instado a los líderes bosnios a consultar con Bruselas cualquier cambio en su política energética para no perder oportunidades de integración, la influencia del proyecto estadounidense sigue avanzando. Mientras tanto, la propuesta de AAFS contempla un costo de 350 millones de dólares para el gasoducto y 1.050 millones adicionales para tres plantas eléctricas, con una estructura de financiación basada en capital y deuda, dejando en el aire los beneficios que los involucrados esperan obtener.
Como señala un exfuncionario estadounidense en la región, la lógica de incluir a personas conectadas con la administración en grandes proyectos económicos es una realidad «desagradable», pero que refleja el estado actual de la política. Por ahora, el control de una arteria energética vital para el futuro de los Balcanes parece estar cada vez más cerca de quedar en manos de un grupo sin experiencia demostrada, pero con un acceso privilegiado a los círculos de poder en Washington.
