En febrero, en el scvetero «Kotovka» de Minsk, Irina fue mordida por un perro. «Sentí un dolor agudo, saqué la mano del guante y vi que faltaba una parte del dedo: estaba dentro», recuerda la mujer. Inicialmente, Irina no quería denunciar al dueño del animal, esperando resolver el conflicto de manera pacífica. Sin embargo, las consecuencias resultaron graves: los médicos no pudieron reimplantar la falange, y posteriormente, debido a la necrosis tisular, fue necesario amputar otra parte del dedo y formar una stump. Según relata la afectada, durante todo este tiempo el dueño del perro no se apresuró a disculparse y mostró poca disposición al diálogo, lo que la llevó a acudir a la milicia. Finalmente, el tribunal se limitó a imponer una multa mínima por violación de las normas de paseo de animales.
Una mujer bielorrusa pierde parte del dedo tras un ataque de su perro
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