Los especialistas resaltan la importancia de la vitamina D como un componente clave para la longevidad y el fortalecimiento del sistema inmunológico, especialmente en contextos de menor exposición solar. Afortunadamente, obtener este nutriente esencial es posible a través de una dieta equilibrada y no depende únicamente de las condiciones climáticas o geográficas.
La función principal de la vitamina D reside en su capacidad para facilitar la absorción del calcio en los intestinos, lo que contribuye al fortalecimiento y correcto funcionamiento del sistema óseo.
Si bien la exposición solar es conocida como una fuente de vitamina D, el cuerpo cuenta con otros mecanismos para acceder a sus beneficios. La clave está en la alimentación y, en algunos casos, en la suplementación.
La nutricionista Jenny García explica que la vitamina D, también conocida como calciferol, pertenece al grupo de las vitaminas liposolubles. “Esto significa que se absorbe mejor en el cuerpo cuando se consume junto con grasas. Estas vitaminas se almacenan en el hígado, el tejido adiposo y los músculos”, señala la experta.
García subraya la importancia de este nutriente para la formación de los huesos, ya que los intestinos la necesitan para absorber el calcio de manera eficiente. Además, destaca su papel fundamental en el mantenimiento de un sistema inmunológico saludable.
La nutricionista Katherine Cántaro describe al calciferol como un micronutriente único, ya que puede obtenerse a través de tres vías diferentes. La primera es la absorción cutánea a través de los rayos del sol, aunque esta opción conlleva riesgos como quemaduras o cáncer de piel si no se toman las precauciones adecuadas.
La segunda vía es a través de la alimentación, incorporando alimentos específicos con altas concentraciones de este nutriente. Entre ellos se encuentran:
Una tercera opción son los productos industrializados fortificados, como bebidas, mantecas vegetales, jugos de frutas, cereales y yogures, que han sido enriquecidos artificialmente con vitamina D para cubrir posibles deficiencias.
Jenny García advierte sobre las consecuencias de la deficiencia de vitamina D, que puede provocar alteraciones en el metabolismo óseo y en otros sistemas, como el inmunológico y el cardiovascular. Estudios sugieren que mantener niveles adecuados de vitamina D puede reducir el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.
La falta de vitamina D se ha asociado con enfermedades crónicas y cuadros clínicos graves, incluyendo cáncer, enfermedades cardiovasculares y autoinmunes, diabetes y depresión.
Katherine Cántaro destaca que una carencia significativa de vitamina D puede debilitar los huesos, aumentando el riesgo de osteoporosis, una enfermedad que los hace más frágiles y propensos a fracturas.
Las necesidades de vitamina D varían según la edad y otros factores individuales. La exposición solar, de entre 8 a 15 minutos diarios, suele ser suficiente para generar la cantidad necesaria para el correcto funcionamiento del organismo.
En regiones con poca incidencia solar o climas nublados, es importante recurrir a la dieta y los suplementos para mantener niveles estables de vitamina D. Los expertos recomiendan la supervisión profesional antes de realizar cambios significativos en la alimentación o iniciar una suplementación.
Siempre es recomendable consultar con el médico de cabecera antes de incorporar nuevos alimentos a la dieta.
Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA.
