Es común observar, en una cafetería o en familia, que dos mujeres de la misma edad aparenten edades muy diferentes. Una irradia vitalidad, con una postura flexible y una sonrisa fácil, mientras que la otra parece cansada, con los hombros encorvados. La forma de vida, más que las arrugas, crea una diferencia visible en la percepción del envejecimiento.
La psicología del envejecimiento también habla de la atractividad percibida, ese brillo que hace que alguien parezca más joven de lo que es. Según un experto citado por Geediting, “la diferencia entre parecer de tu edad y parecer veinte años más joven podría residir en esas horas de sueño de calidad que no te tomas”. El sueño es importante, pero una serie de hábitos discretos tienen un peso igual de significativo.
¿Por qué algunas mujeres parecen desafiar el paso del tiempo con sus hábitos?
El envejecimiento percibido es la edad que se adivina en segundos, basándose en la postura, la voz y la energía social. Un buen descanso, bajos niveles de estrés y una vida social activa pueden rejuvenecer el cerebro hasta en ocho años. Investigaciones de la Universidad de Texas han demostrado que aprender nuevas habilidades después de los 50 años estimula la memoria y revitaliza la mirada.
Un estudio de la Universidad de Yale vinculó una visión positiva del envejecimiento con una esperanza de vida adicional de 7,5 años, mientras que el aislamiento social aumenta el riesgo de mortalidad en un 26%. Una actitud amable hacia uno mismo y mantener vínculos sociales regulares contribuyen a disminuir la brecha con los demás a medida que avanzan los años.
Nueve hábitos discretos de las mujeres que envejecen mejor que sus contemporáneas
En cuanto al cuidado del cuerpo, estas mujeres priorizan un ritual matutino tranquilo en lugar de sumergirse inmediatamente en los correos electrónicos. La meditación, escribir unas pocas líneas en un diario o realizar estiramientos suaves son suficientes. Se mueven con placer, ya sea caminando, bailando o haciendo ejercicios de fortalecimiento muscular. La cirujana ortopédica Vonda Wright afirma que construir una buena reserva muscular a partir de los treinta años ayuda a evitar problemas de forma más adelante y reduce la fatiga y los dolores asociados al envejecimiento.
Su alimentación es sencilla, rica en vegetales y baja en alimentos ultraprocesados. “A mis pacientes les recomiendo que se orienten tanto como sea posible hacia frutas, verduras, legumbres y cereales integrales”, explica la cardióloga Danielle Belardo. A estas prácticas se suman otras más sutiles: eligen cuidadosamente su círculo social, dicen “no” sin justificarse, valoran un sueño reparador, mantienen la curiosidad y aceptan los cambios en su rostro.
Adoptar estos hábitos sin presiones ni obsesiones juveniles
Un estudio presentado a la American Society for Nutrition asoció ocho hábitos saludables con 24 años adicionales de vida en hombres y 21 años en mujeres. Sin embargo, no es necesario cambiarlo todo de golpe. Elegir uno o dos hábitos –acostarse más temprano, caminar diariamente– es suficiente para iniciar un círculo virtuoso donde el estrés disminuye, el sueño mejora y la energía regresa.
En esencia, las mujeres que envejecen mejor no buscan borrar su fecha de nacimiento. Se asemejan a esa sexagenaria que se encuentra en una cafetería, leyendo un libro, con una postura abierta y una mirada curiosa. No hay hazañas visibles, solo pequeñas elecciones tranquilas repetidas cada día. Cada persona puede decidir qué hábito discreto incorporar a su rutina a partir de mañana.
