Roma, 23 de febrero de 2026 – Nuestro sentido del olfato podría ser uno de los indicadores más tempranos de la salud del corazón y el cerebro, actuando como una verdadera ‘centinela’. Según un reciente estudio realizado por la Universidad de Michigan y publicado en la revista científica ‘JAMA Otolaryngology’, la pérdida total del olfato (anosmia) en adultos mayores de 70 años está asociada con un riesgo significativamente mayor de desarrollar ictus y enfermedades coronarias, como la angina de pecho o la isquemia.
La investigación, que siguió a una muestra de 5.142 adultos durante nueve años, reveló que los participantes con anosmia presentaban un riesgo doble de sufrir eventos cardiovasculares en comparación con aquellos que conservaban su sentido del olfato, siendo los primeros cuatro años del seguimiento los más críticos.
Hasta ahora, los trastornos del olfato se habían asociado principalmente con enfermedades neurodegenerativas, donde la neuroinflamación juega un papel fundamental. El descubrimiento de una conexión con el riesgo cardiovascular sugiere que la inflamación del sistema nervioso podría ser el factor común.
“La relación entre el olfato y las enfermedades cardiovasculares, en particular con el ictus, representa un importante avance científico”, explica Arianna Di Stadio, neuro-otorrinolaringóloga, profesora de Otorrinolaringología en la Universidad Link de Roma e investigadora en UCL Queen Square Neurology de Londres. “Hasta hace poco, considerábamos el olfato solo en relación con enfermedades neuroinflamatorias y neurodegenerativas. Hoy entendemos que la pérdida de los sentidos puede reflejar un estado de inflamación sistémica que también afecta a los vasos sanguíneos cerebrales y cardíacos”.
Los investigadores sugieren que la anosmia podría reflejar cambios estructurales en los vasos cerebrales o ser consecuencia de una degeneración del epitelio nasal relacionada con procesos inflamatorios.
“La prueba del olfato es rápida y económica”, añade Di Stadio. “Su uso por parte del médico de cabecera podría permitir la identificación temprana de pacientes en los que la neuroinflamación ya está actuando silenciosamente, permitiendo un seguimiento más cuidadoso para prevenir eventos graves como el ictus”.
La ‘degeneración’ de los sentidos y del cerebro no depende exclusivamente de la edad, sino que está fuertemente influenciada por factores modificables. “Una alimentación saludable, la actividad física al aire libre y la suplementación preventiva ante los primeros signos de anosmia con sustancias fisiológicas antineuroinflamatorias, como las utilizadas en nuestros estudios previos sobre el Covid, representan herramientas poderosas para contrarrestar la neuroinflamación”, concluye Di Stadio. “Proteger el olfato significa, en última instancia, proteger el corazón y preservar la funcionalidad del cerebro”.
