La guerra entre Estados Unidos e Irán ha cumplido casi siete meses de hostilidades, disparando el coste financiero para Washington por encima de los 40.000 millones de dólares y provocando estragos en los mercados energéticos globales, donde el crudo supera los 100 dólares por barril y los analistas económicos admiten que ya no pueden modelar el final del conflicto.
El impacto económico y la escasez de mercados
La prolongación de la campaña militar conjunta de Estados Unidos e Israel, lanzada el 28 de febrero, ha hundido la economía global en una crisis energética de proporciones imprevisibles. Analistas de JPMorgan admitieron que carecen de una visión de referencia sobre los mercados petroleros, señalando que los modelos para prever el desenlace del conflicto han dejado de funcionar.
Según explicó Natasha Kaneva, directora de estrategia global de materias primas de la entidad, las llamadas líneas rojas económicas que los mercados daban por sentadas —como el petróleo por encima de los 100 dólares por barril, la gasolina rozando los 5 dólares y el rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años superando el 5%— han sido rebasadas por completo.
For the first time since the start of the Iran conflict, we don’t have a baseline view. Natasha Kaneva, head of the company’s global commodities strategy, via Salon
El precio del diésel en Estados Unidos superó los 6 dólares por galón por primera vez en su historia, impulsado por unas reservas de petróleo que continúan cayendo hacia mínimos históricos. Karim Fawaz, director ejecutivo de energía en S&P Global, advirtió que las reservas son escasas, la capacidad de refino de repuesto es limitada y la demanda estacional de invierno está a punto de intensificarse. A esto se suma el impacto de un ataque con drones que dañó gravemente un oleoducto en Arabia Saudí, reduciendo las exportaciones de crudo del país en 400.000 barriles diarios durante el mes.
El coste militar y el vaciamiento de los arsenales del Pentágono
En el plano presupuestario, el Pentágono informó recientemente al Congreso que el coste de la guerra ha escalado hasta los 42.000 millones de dólares, superando las estimaciones previas de 38.100 millones de la Oficina de Presupuestos del Congreso (CBO). Expertos independientes como Linda J. Bilmes, el Daniel Patrick Moynihan senior lecturer in public policy at the Harvard Kennedy School, calcularon ya en julio que el gasto total podría ascender hasta una cantidad masiva.
El esfuerzo bélico está tensionando la base industrial de defensa de Estados Unidos. Más de la mitad del gasto militar, unos 21.700 millones de dólares, se ha dedicado a reponer municiones, con 13.100 millones invertidos exclusivamente en interceptores antimisiles. La CBO calcula que las fuerzas estadounidenses han consumido entre la mitad y dos tercios de sus arsenales de sistemas como Patriots, THAAD, Standard Missile 3 y Standard Missile 6 desde junio de 2025.

Irán ha adaptado su táctica militar para explotar esta vulnerabilidad, utilizando salvas masivas de misiles y drones para forzar a Washington a agotar sus costosas reservas. En un solo intercambio reciente en el que Teherán disparó más de una veintena de misiles contra bases en Jordania, las fuerzas estadounidenses lanzaron una docena de THAAD y entre sesenta y setenta Patriots, consumiendo en pocas horas una quinta parte del suministro que el presidente Volodímir Zelenski considera necesario para defender a su país durante el invierno.
Amenazas de represalias financieras y tensiones en Teherán
Mientras la Casa Blanca prepara nuevas tandas de sanciones económicas bajo la dirección del secretario del Tesoro, Scott Bessent, las autoridades de Teherán han respondido con dureza a lo que califican como una guerra económica total. Mohsen Rezaei, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán y antiguo responsable de la Guardia Revolucionaria, advirtió a través de la cadena IRIB sobre consecuencias drásticas para cualquier nación que colabore con las restricciones impulsadas por el presidente estadounidense Donald Trump.

El régimen iraní experimenta divisiones internas sobre cómo afrontar el conflicto. Mientras sectores moderados representados por el presidente Masoud Pezeshkian y el presidente del Parlamento y jefe negociador Mohammad Bagher Ghalibaf abogan por una salida negociada que alivie el sufrimiento económico de los ciudadanos, las facciones más duras mantienen una postura de confrontación abierta. Pezeshkian reconoció públicamente que la sociedad atraviesa numerosas dificultades en medio de esta confrontación multifacética.
Coste humano y denuncias de crímenes de guerra
El aspecto más devastador del conflicto sigue recayendo sobre la población civil. Las estimaciones sitúan la cifra de muertes civiles entre 1.800 y 3.800 personas desde el inicio de las hostilidades. Paralelamente, informes de prensa señalan discrepancias sobre las bajas militares estadounidenses: aunque el registro público del Pentágono contabiliza 18 fallecidos entre los miembros del servicio, funcionarios que hablaron bajo condición de anonimato estiman que el número real podría alcanzar los 23 muertos, además de tres contratistas estadounidenses fallecidos en la región.
A la crisis humanitaria se añade el desplazamiento de un gran número de personas a causa de los combates, mientras que un organismo de derechos humanos de la ONU informó de la existencia de motivos razonables para considerar que se han cometido crímenes de guerra en dos ataques concretos, incluido uno contra una escuela en Minab que causó la muerte de 150 personas, entre ellas 120 niños. Un portavoz de la Casa Blanca rechazó tajantemente las conclusiones del organismo internacional.
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