Un asteroide o cometa del tamaño de un edificio impactó la Luna en 2024, abriendo el cráter McGetchin, de 222 metros de ancho. Descubierto por la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter y detallado en dos estudios de septiembre de 2026, el fenómeno ofrece datos clave sobre el regolito lunar para futuras misiones tripuladas.
La Luna acaba de sumar a su superficie el mayor impacto reciente documentado en todo el sistema solar. El cráter, bautizado oficialmente como McGetchin en honor al fallecido científico planetario Tom McGetchin (1936–1979), se formó en la primavera de 2024 cuando un objeto rocoso o helado colisionó contra el borde oriental del satélite (entre el 11 de abril y el 22 de mayo).
El hallazgo fue dado a conocer tras sendos artículos publicados en la revista Science Advances por investigadores de la NASA y colaboradores externos. Aunque el evento ocurrió en 2024, permaneció oculto en los mapas durante dos años hasta que el análisis de las imágenes orbitales permitió sacarlo a la luz (el 24 de octubre de 2025).
Las dimensiones colosales del impacto de McGetchin
El objeto responsable del impacto medía entre tres y seis pisos de altura. Al carecer de una atmósfera densa que frene o desintegre los cuerpos celestes a su entrada, la Luna recibe el impacto directo de rocas espaciales que viajan a decenas de kilómetros por segundo. La colisión resultante dejó una cicatriz gigantesca sobre el regolito lunar.
Con una anchura de 728 pies —unos 222 metros—, el diámetro del cráter supera ligeramente la longitud de dos campos de fútbol puestos en fila y rebasa el eje mayor del Coliseo romano (según detallan las mediciones de la sonda). Su profundidad alcanza los 141 pies, lo que equivale a unos 43 metros, espacio suficiente para apilar verticalmente tres autobuses escolares amarillos uno sobre otro.
Los cálculos astronómicos indican que un impacto de esta magnitud ocurre de forma muy esporádica en la superficie lunar. Los científicos estiman que un fenómeno así se produce aproximadamente una vez cada siglo.
Cómo Robert Wagner descubrió el cráter oculto en las imágenes de la LRO
El hallazgo no se debió al azar, sino a un meticuloso trabajo de procesamiento de imágenes. Robert Wagner, especialista en procesamiento de imágenes de la empresa aeroespacial Intuitive Machines, realizaba una comprobación rutinaria de calidad con los datos del sistema de cámaras de la Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO).
El especialista apiló cientos de fotografías lunares tomadas con años de diferencia y aplicó un software diseñado para resaltar variaciones. El programa transformaba en tonos grises lo que permanecía inalterado y marcaba con manchas claras u oscuras los cambios en el terreno. Fue entonces cuando divisó un large bright spot surrounded by a dark halo.
Al comparar las vistas previas y posteriores a la fecha del impacto, el equipo confirmó que se trataba de una estructura completamente nueva. Las cámaras de alta resolución confirmaron la presencia de material fresco expulsado desde el interior lunar que refleja con mayor intensidad la luz solar.
El punto frío detectado por el instrumento térmico Diviner
Tras la identificación inicial del cráter, los investigadores orientaron el instrumento térmico Diviner, también instalado a bordo de la LRO, hacia el lugar del impacto. Las lecturas desvelaron un fenómeno físico inesperado en el entorno de la colisión.
Alrededor de McGetchin se extiende una zona de aproximadamente cuatro millas —unos 6,4 kilómetros— de ancho que registra temperaturas nocturnas unos 16 grados Fahrenheit más frías que el terreno circundante (casi 9 grados Celsius menos). El motivo radica en que la tremenda energía del impacto ha aflojado la capa superior del suelo lunar.
de 7 kilómetros de ancho (4 millas) alrededor del nuevo cráter, que corresponde a un aflojamiento de la capa superior del suelo lunar. El coautor David Paige, de la Universidad de California en Los Ángeles, lo compara con la jardinería. David Paige, Universidad de California en Los Ángeles
Este proceso de alteración del regolito reduce la densidad del material y merma su capacidad natural para retener el calor durante la noche lunar. Además, los análisis revelaron que el material eyectado alteró la superficie a más de 75 millas de distancia del epicentro del choque.
Implicaciones para las futuras bases lunares humanas
La aparición de McGetchin aporta información de gran valor práctico para las agencias espaciales que planean enviar misiones tripuladas permanentes. Con la vista puesta en proyectos internacionales de exploración como el programa Artemis impulsado por Estados Unidos, comprender la distribución y densidad del regolito resulta prioritario para el diseño de equipos y asentamientos (así como para iniciativas de bases lunares en desarrollo).
Las propiedades físicas del suelo determinan la tracción de los rovers y la estabilidad de las estructuras que se construyan sobre la superficie. Conocer la magnitud con la que los asteroides alteran el terreno a decenas de kilómetros de distancia ayuda a calcular los riesgos de daños por escombros para el personal y la tecnología en futuras misiones (según apuntan los responsables del proyecto científico).
Mientras la sonda continúa acumulando datos desde su órbita tras casi dos décadas de servicio continuo, los científicos insisten en que la Luna se confirma como un mundo geológicamente activo y sometido a un bombardeo constante, cuyas sorpresas continúan emergiendo mediante la revisión automatizada de imágenes planetarias.
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