Investigadores han documentado la llegada del hongo Sporothrix brasiliensis, que causa infecciones cutáneas, en Uruguay después de confirmar infecciones vinculadas a gatos en personas, mascotas y animales locales. Este hallazgo transforma lo que inicialmente parecía un caso aislado en evidencia de una amenaza fúngica más difícil de controlar que ha establecido un nuevo foco en América del Sur.
En los departamentos de Maldonado y Rocha, en la costa sureste de Uruguay, un aviso del Instituto de Higiene documentó la presencia del hongo en gatos, otras mascotas y personas. A partir de esa evidencia, Elisa Cabeza de la Universidad de la República (Udelar) vinculó esos casos a Sporothrix brasiliensis. Su equipo encontró gatos enfermos en ambas zonas sin relación con el primer gatito adoptado inicialmente, lo que sugiere que el hongo se está desplazando localmente.
Este cambio transforma la amenaza de un problema doméstico aislado en una cuestión más compleja sobre por qué los gatos propagan esta especie fúngica de manera tan eficiente. Las heridas abiertas en gatos infectados contienen grandes cantidades del hongo, especialmente alrededor de la nariz, la cara, la boca y las patas. Cuando las garras, los dientes o el líquido de la herida rompen la piel humana, el hongo se deposita directamente en el tejido y comienza a crecer.
Una revisión reciente señaló que los gatos pueden transferir grandes cantidades de células levaduriformes durante arañazos, mordiscos y contacto con exudados. Debido a que los gatos callejeros se infectan, pelean y deambulan ampliamente, pueden mantener la transmisión del hongo entre barrios antes de que alguien lo note.
Además, existe un cambio térmico clave: fuera del cuerpo, el hongo crece como filamentos ramificados, pero el calor corporal lo impulsa a adoptar una forma compacta de levadura. Esta transformación física es importante porque la forma más pequeña se asienta con mayor facilidad en la piel dañada y se multiplica dentro del tejido vivo.
