Las almendras, tradicionalmente valoradas por su perfil nutricional, revelan ahora otro beneficio importante: sus efectos positivos en el microbioma intestinal. Este mecanismo, aún poco conocido por el público en general, es determinante para la salud metabólica y cardiovascular, según explica Raphaël Gruman, dietista-nutricionista en París.
Las almendras, un alimento que se comunica directamente con el microbioma
El microbioma intestinal es un verdadero director de orquesta de la salud. Cuando se desequilibra, las consecuencias van más allá de la esfera digestiva. “El microbioma depende directamente de lo que comemos. Para funcionar correctamente, las bacterias beneficiosas necesitan ser alimentadas a diario”, recuerda Raphaël Gruman.
Las almendras encajan perfectamente en esta lógica. “Se pueden considerar que tienen efectos prebióticos, como indica una revisión reciente: aportan los nutrientes indispensables a las bacterias intestinales beneficiosas”, explica el nutricionista. Las fibras, los polifenoles y los antioxidantes actúan en sinergia para apoyar este ecosistema frágil, favoreciendo las bacterias beneficiosas y mejorando el equilibrio y la diversidad de la flora intestinal, lo que ayuda a limitar la proliferación de bacterias menos favorables.
Esta acción se traduce en una modificación concreta de la composición del microbioma. “Se observa un aumento de bacterias protectoras como Bifidobacterium, Lactobacillus, pero también Roseburia, aún poco conocida pero esencial para el buen funcionamiento intestinal”, subraya Raphaël Gruman. Estas bacterias participan en la producción de compuestos clave para el equilibrio metabólico e inflamatorio del organismo.
Microbioma, metabolismo y peso: un efecto contra-intuitivo
Más allá de la digestión, el intestino juega un papel hormonal importante. “Cuando el microbioma está desequilibrado, el organismo produce más hormonas que estimulan el apetito y no suficientes de las que favorecen la saciedad”, explica Raphaël Gruman. Por el contrario, un microbioma equilibrado podría contribuir a una mejor regulación del apetito, facilitando así el control del peso.
A pesar de su densidad energética, un nuevo artículo de consenso ha confirmado que las almendras no están asociadas a un aumento de peso. “Combinan fibras, proteínas vegetales y grasas saludables, lo que aumenta la saciedad y limita los antojos”, precisa el nutricionista. Consumidas como tentempié, constituyen un buen puente entre comidas.
“Un puñado de almendras, aproximadamente 30 gramos, aporta 4g de fibra y 15 nutrientes esenciales, y es un buen tentempié para mantener la energía entre comidas, como alternativa a los snacks azucarados que pueden aumentar las ganas de picar”, indica. Este artículo ha demostrado que un consumo más elevado, de al menos 50 g al día, podría acompañarse de una ligera pérdida de peso en algunas personas. La mejora del microbioma también podría contribuir a una mejor regulación de la glucemia, especialmente en personas con riesgo metabólico.
Eje intestino-corazón: cuando el microbioma protege el sistema cardiovascular
Las investigaciones recientes confirman la existencia de un vínculo estrecho entre el intestino y la salud cardiovascular. “Aquí es donde comprendemos la conexión entre el microbioma y el sistema cardiovascular”, explica Raphaël Gruman. Las bacterias intestinales estimuladas por el consumo de almendras contribuyen al crecimiento de bacterias beneficiosas y aumentan la producción de ácidos grasos de cadena corta, como el butirato, asociado a beneficios para la salud. “Al actuar así sobre el microbioma, las almendras pueden atenuar la inflamación y apoyar la función metabólica, lo que contribuye a proteger la salud cardiovascular”, explica el nutricionista.
Un nuevo eje de prevención cardiometabólica
Aunque las investigaciones deben continuar, los datos actuales convergen hacia un mismo mensaje: la salud cardiovascular comienza también en el intestino. “Cuidar el microbioma es también proteger la salud del corazón. Las almendras, además de sus beneficios nutricionales ya conocidos, encuentran por lo tanto su lugar en una estrategia de prevención nutricional centrada en la salud cardiometabólica”, concluye Raphaël Gruman.
