El árbol conocido como «árbol de la muerte» o *Hippomane mancinella* es una de las plantas más tóxicas del mundo, según informa BBC Wildlife Magazine. Su savia blanca y lechosa puede causar quemaduras graves, ceguera temporal y ampollas al contacto con la piel o los ojos. Incluso permanecer bajo su follaje durante la lluvia puede resultar peligroso, ya que las gotas que caen de sus hojas llevan disueltas toxinas que irritan la piel y las membranas mucosas.
Ingerir cualquiera de sus partes —hojas, corteza o especialmente sus frutos, que se asemejan a pequeñas manzanas verdes— puede provocar vómitos, diarrea severa, deshidratación y, en casos extremos, la muerte. El fruto, aunque dulce al sabor, contiene compuestos altamente tóxicos como la forbolina, que afectan el sistema gastrointestinal y pueden causar shock.
El árbol crece en zonas costeras de América Central, el Caribe, el norte de Sudamérica y partes de Florida y las Galápagos. Aunque peligroso, cumple un papel ecológico importante al estabilizar suelos y proteger costas de la erosión. En algunas áreas, se le señaliza con carteles de advertencia para prevenir accidentes con visitantes desprevenidos.
Los expertos recomiendan evitar cualquier contacto con el árbol, no refugiarse bajo él durante la lluvia y no manipular sus frutos o corteza sin protección extrema. En caso de exposición, se debe lavar abundante mente el área afectada con agua y buscar atención médica inmediata.
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