Ocho mil personas sanas serán reclutadas en España para uno de los experimentos clínicos más grandes jamás realizados contra la aterosclerosis, la enfermedad que causa infartos y accidentes cerebrovasculares. El objetivo es identificar el riesgo cardiovascular cuando aún es invisible e intervenir antes de que se vuelva fatal. El Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares de Madrid, uno de los centros de referencia mundial en la investigación del corazón, lidera el proyecto. Los cardiólogos Borja Ibáñez y Valentín Fuster buscan hombres y mujeres entre 18 y 69 años, aparentemente sanos, sin diagnóstico de enfermedades cardiovasculares, personas comunes que a menudo desconocen lo que ocurre dentro de sus arterias.
LA ENFERMEDAD
La aterosclerosis es, de hecho, una enfermedad insidiosa. No duele, no presenta síntomas evidentes, pero con el tiempo llena las arterias de grasa y colesterol, estrechándolas hasta provocar infartos y accidentes cerebrovasculares repentinos. Es la principal causa de muerte en el mundo: se cobra la vida de alrededor de 20 millones de personas cada año. Estudios previos del Cnic revelan datos claros: al analizar a más de 4.000 empleados del Banco Santander, seis de cada diez, a pesar de sentirse en perfecto estado de salud, ya mostraban signos iniciales de la enfermedad. Un dato que contradice la creencia común de que el problema solo afecta a personas mayores o pacientes ya diagnosticados.
El nuevo estudio, denominado React, lleva la prevención a un nivel sin precedentes. Los voluntarios se someten gratuitamente a controles que normalmente costarían miles de euros: ecografías tridimensionales de las arterias carótidas y femorales, electrocardiograma, análisis de sangre y orina, imágenes del fondo ocular y, sobre todo, una sofisticada angio-TC para visualizar el interior de las arterias coronarias.
EL ESTUDIO Y LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS
Es precisamente esta tecnología la que marca la diferencia. La angiografía por tomografía computarizada permite detectar placas diminutas, invisibles con los exámenes normales. Incluso unos pocos milímetros de acumulación pueden ser una señal de un alto riesgo futuro. La apuesta del estudio es radical: intervenir de inmediato, incluso en ausencia de síntomas. Aquellos que presenten signos tempranos de aterosclerosis serán seguidos con un enfoque “agresivo”: dieta, actividad física, pérdida de peso y, si es necesario, medicamentos como las estatinas, actualmente económicos y ampliamente utilizados. Según el doctor Ibáñez, esta estrategia puede cambiar el curso natural de la enfermedad. En estudios anteriores, las placas desaparecían espontáneamente solo en el 8% de los casos. Con una intervención temprana y dirigida, el objetivo es alcanzar el 80%. No solo ralentizar la enfermedad, sino revertirla.
LAS INVERSIONES Y EL PROYECTO
La inversión es considerable. La primera fase del estudio está financiada con 23 millones de euros por la Fundación Novo Nordisk e involucra a 8.000 voluntarios en España y otros 8.000 en Dinamarca. La segunda fase, entre 2027 y 2032, costará alrededor de 40 millones de euros y comparará la prevención estándar con la intensiva propuesta por el Cnic. Más de 5.300 voluntarios ya se han inscrito en España, pero ahora la investigación se centra en llegar a aquellos que suelen quedar fuera de los estudios clínicos: habitantes de zonas rurales, barrios populares y grupos sociales más vulnerables. Porque la aterosclerosis afecta a todos, pero no todos tienen el mismo acceso a la prevención.
El proyecto también mira hacia el futuro de la salud pública. La idea es sencilla y revolucionaria: controles cardiovasculares desde la juventud, ecografías rápidas y portátiles para quienes superen ciertos umbrales de riesgo, terapias breves pero precoces. Según los investigadores, cinco años de tratamiento a los 20 años podrían valer tanto como 35 años iniciados demasiado tarde. Mientras tanto, las cifras globales son preocupantes. Desde 1990, los casos de enfermedades cardiovasculares se han duplicado, pasando de 311 a 626 millones, impulsados por el sedentarismo y la comida chatarra. “Curar bien ya no es suficiente”, advierte el cardiólogo Ibáñez. “Estamos fallando en la prevención”. De ahí el llamamiento también a la política: impuestos más altos a los alimentos ultraprocesados, incentivos para frutas, verduras y aceite de oliva. Porque, explican los cardiólogos, salvar millones de vidas no solo depende de los laboratorios, sino de las elecciones diarias de todos.
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