Atomic-6 envía su armadura Space Armor al espacio para buscar impactos

La startup Atomic-6 ha enviado su armadura Space Armor al espacio por primera vez a bordo de la nave Starburst-1 de Portal Space Systems y un cohete Falcon 9 de SpaceX, buscando registrar impactos reales de basura orbital para validar su blindaje ultraligero.

Una esfera de aluminio de apenas 3 milímetros que viaja a 7 kilómetros por segundo transporta una energía cinética equivalente a la de una bala de un arma corta potente, concentrada en el tamaño de una lenteja. Este proyectil diminuto pesa tan solo 38 miligramos, lo que lo hace demasiado pequeño para rastrearlo y esquivarlo. Para las compañías que operan hardware en órbita, esta chatarra representa un peligro cotidiano y sin soluciones tradicionales estándar.

La Agencia Espacial Europea calcula que el entorno orbital terrestre alberga más de 65.000 objetos mayores de 10 centímetros, alrededor de 1,5 millones de restos entre 1 y 10 centímetros, y unos 230 millones de fragmentos cuyo tamaño oscila entre 1 milímetro y 1 centímetro.

El viaje orbital del prototipo Space Armor de Atomic-6

La misión despegó desde Cabo Cañaveral, Florida, a bordo de un cohete Falcon 9 de SpaceX en la misión identificada como Bandwagon-5. El prototipo viajó a bordo de la nave Starburst-1 de Portal Space Systems, marcando la primera ocasión en que el blindaje protector abandona la atmósfera terrestre.

Los ingenieros de la compañía con sede en Marietta, Georgia, instalaron el material con un objetivo claro: aguardar impactos hiperbólicos reales en el entorno espacial. Mediante la telemetría del satélite y cámaras integradas, el equipo espera observar de primera mano cómo se comporta el escudo cuando es golpeado a velocidades que superan los 7 kilómetros por segundo.

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La evolución frente a los tradicionales escudos Whipple de aluminio

La tecnología de protección balística espacial data de 1946, cuando el astrónomo Fred Whipple diseñó un sistema compuesto por dos paredes finas separadas por un espacio vacío para disipar la energía de los micrometeoritos mediante la vaporización parcial del proyectil y la pared exterior.

Sin embargo, los escudos metálicos convencionales presentan limitaciones críticas en la actualidad. Generan una gran cantidad de fragmentos secundarios al eyectar metal durante el impacto, lo que alimenta de forma directa el peligroso síndrome de Kessler, un efecto dominó de chatarra en constante expansión. Además, su peso elevado obliga a los ingenieros espaciales a diseñar la arquitectura de los satélites alrededor de ellos.

Para superar estos inconvenientes, Atomic-6 apostó por una composición basada en fibras embebidas en una matriz de resina, cuya formulación exacta constituye un secreto industrial. Las variantes comerciales denominadas Space Armor Lite reducen un 30% el peso y disminuyen un 15% el grosor en comparación con las corazas Whipple de aluminio. Las pruebas de laboratorio demostraron que el material absorbe impactos a más de 25.700 kilómetros por hora sin desprender residuos adicionales.

Transparencia radiofrecuencia y validación comercial en la industria espacial

Una de las ventajas técnicas más destacadas del nuevo material es su total transparencia electromagnética. Al ser transparente a la radiofrecuencia, el escudo no interfiere con la actividad de los satélites.

Atomic-6 envía su armadura Space Armor al espacio para buscar impactos
Foto: Xataka

El desarrollo inicial de esta tecnología despegó gracias a un fondo no dilutivo de 1,2 millones de dólares bajo el programa SBIR, financiado por la Fuerza Aérea y la Fuerza Espacial de Estados Unidos.

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Trevor Smith, CEO de Atomic-6, explicó que el propósito central consistía en detener el proyectil minimizando al máximo los desprendimientos secundarios que caracterizan a los blindajes metálicos tradicionales.

Atomic-6 Space Armor™

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