En los últimos dos años, el desarrollo de la tecnología blockchain en Japón ha adoptado un enfoque más pragmático, con las principales instituciones evaluando ahora dónde encaja genuinamente en los flujos de trabajo financieros e industriales cotidianos.
Las señales más claras provienen del sector bancario. A finales de 2025, el gobierno japonés confirmó su apoyo a un proyecto liderado por los tres bancos más grandes del país para emitir stablecoins para pagos y liquidaciones, bajo la supervisión de la Agencia de Servicios Financieros.
Esta dirección es reveladora. El trabajo se centra en la transferencia de dinero y la liquidación de operaciones, no en la búsqueda de la volatilidad. Esta cautela surge de la experiencia.
Las grandes instituciones japonesas rara vez toman medidas sin haber sopesado las implicaciones operativas y de reputación, y blockchain aún plantea preguntas incómodas en ambos sentidos. Ofrece trazabilidad y auditorías limpias, pero también expone información de maneras que muchas organizaciones nunca antes han tenido que gestionar.
Esto tiene un impacto muy diferente dentro de una gran organización. En una cadena pública, los detalles de las transacciones son visibles por defecto y es imposible contenerlos una vez que se registran. Para los equipos acostumbrados a controlar cómo se mueve la información y quién la ve, esto desafía las expectativas de larga data en torno a la confidencialidad, la confianza y la gestión responsable de los datos.
Existe una razón para que este tipo de exposición genere inquietud. Cambia la forma en que se evalúa el riesgo y si los proyectos avanzan o no.
La privacidad es fundamental en la estrategia digital de Japón, y establece una línea clara sobre hasta dónde están dispuestas a llegar las instituciones con blockchain. Esta sensibilidad se vuelve difícil de ignorar una vez que los proyectos superan las pruebas piloto y comienzan a afectar las operaciones reales.
En las blockchains públicas, muy poco permanece aislado. Un pago aquí, una liquidación allá; pronto comienzan a surgir patrones. Los volúmenes, los tiempos y las contrapartes pueden revelar rápidamente más de lo que pretendía transmitir la transacción original.
Esta forma de trabajar resulta poco familiar para muchas instituciones japonesas. Los bancos están acostumbrados a trazar líneas claras entre los datos internos, la información de las contrapartes y la divulgación regulatoria. Los fabricantes y las empresas de logística trazan líneas similares en torno a las cadenas de suministro, los precios y el abastecimiento. Los libros mayores públicos tienen la costumbre de ignorar esas líneas.
Esto se hace evidente cuando los equipos comienzan a analizar los datos. La trazabilidad y las auditorías limpias suenan bien, hasta que alguien se da cuenta de cuánto es visible y con qué facilidad se puede analizar. La información que normalmente permanecería dentro de una empresa de repente queda mucho más expuesta. Y esta incomodidad no es solo cultural; existen estrictas razones de cumplimiento detrás de ella.
