Esta nueva estructura busca generar divisiones dentro de la élite cubana, mientras Estados Unidos incrementa su despliegue de inteligencia y vigilancia militar en la región.
La Agencia Central de Inteligencia (CIA) ha puesto en marcha un grupo de trabajo clandestino centrado específicamente en Cuba.
Un mandato centrado en la élite política y la falta de socios locales
A diferencia del histórico precedente de 1960 y la fallida invasión de Bahía de Cochinos en 1961, el mandato de esta nueva célula resulta considerablemente más limitado en su alcance táctico. Los estrategas de Washington no cuentan en esta ocasión con una fuerza opositora organizada en el exilio ni con socios locales armados. El objetivo principal consiste en abrir brechas en la cúpula de poder en La Habana para desplazar a los dirigentes considerados contrarios a Estados Unidos y abrir paso a figuras más pragmáticas.
Para cumplir con estos propósitos, la estructura del grupo integra a oficiales de reclutamiento de espías, analistas de inteligencia, especialistas en operaciones cibernéticas y expertos en influencia encubierta. Las fuentes consultadas indican que la agencia explora flujos financieros y transacciones comerciales dentro y fuera de la isla para debilitar la posición de la élite dirigente.
La respuesta de La Habana y el endurecimiento de las prioridades de inteligencia
Desde el gobierno cubano, las reacciones no se hicieron esperar ante estos movimientos de la administración estadounidense.

Paralelamente, la administración estadounidense modificó su Marco Nacional de Prioridades de Inteligencia (NIPF) para elevar a Cuba a la categoría de Prioridad 1
, equiparándola con países como China, Irán y Rusia. Esta clasificación movilizó recursos adicionales de la Agencia de Seguridad Nacional y de la Agencia Nacional de Inteligencia Geoespacial para optimizar la recopilación de datos sobre las capacidades defensivas e intenciones de las fuerzas armadas cubanas.
Vigilancia aérea y antecedentes regionales en el centro de la estrategia
El incremento de la actividad de inteligencia se refleja también en operaciones aéreas continuas en las inmediaciones del territorio insular. Aeronaves especializadas como el P-8A Poseidon, el RC-135V Rivet Joint y los drones MQ-4C Triton han acumulado más de 150 horas de vuelo en más de 20 misiones de vigilancia, acercándose en ocasiones a menos de 64 kilómetros de la costa cubana.
Este despliegue ocurre en un contexto marcado por la captura de Nicolás Maduro en Venezuela a principios de enero de 2026, un acontecimiento que cortó los envíos de petróleo venezolano hacia La Habana y agudizó la crisis energética interna en la isla. Analistas y fuentes consultadas vinculan esta presión sostenida con el papel del secretario de Estado Marco Rubio, identificado como el principal artífice de la política de máxima presión hacia el gobierno cubano.
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