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Declan Pierce se encontraba relajándose en una lilo de plástico, disfrutando del sol en el primer día de sus vacaciones en España, cuando sonó su teléfono. Estaba vigilando a su hija de ocho años mientras jugaba en la piscina cuando recibió la llamada de su médico, quien le informó que tenía cáncer.
Por segunda vez en menos de dos años, su mundo se detuvo.
