El cometa interestelar 3I/Atlas realizó su acercamiento máximo a la Tierra en las primeras horas del viernes. Este objeto, proveniente de fuera de nuestro Sistema Solar y en ruta hacia las regiones más alejadas de la Vía Láctea, podría ser el cometa más antiguo jamás registrado. Su paso ofrece a la comunidad científica una oportunidad única para estudiar la composición de cuerpos celestes formados alrededor de estrellas distintas al Sol.
La mejor ventana de observación para este cometa interestelar se produjo el 19 de diciembre, cerca de la medianoche (hora del centro de México), en la constelación de Leo. En ese momento, el cometa pasó relativamente cerca de Régulo, la estrella más brillante de dicha constelación, aunque a una distancia de 274 millones de kilómetros de la Tierra. Para ponerlo en perspectiva, el objeto se mantuvo a unas 700 veces la distancia promedio entre la Tierra y la Luna, y a una distancia mayor que la que usualmente separa a nuestro planeta de Marte, que ronda los 225 millones de kilómetros.
A pesar de ser su mayor acercamiento a la Tierra, la observación directa y la captura de imágenes requirieron el uso de instrumentos especializados. Según la NASA, las imágenes más cercanas del 3I/Atlas fueron obtenidas el 3 de octubre por el Orbitador de Reconocimiento de Marte (MRO), cuando el cuerpo se encontraba a unos 30.6 millones de kilómetros del planeta rojo.
Este “visitante interestelar” fue detectado por primera vez el 1 de julio por el Sistema de Última Alerta de Impacto Terrestre de Asteroides (ATLAS), ubicado en Chile. Desde entonces, su trayectoria ha sido monitoreada por diversos telescopios y observatorios espaciales, incluyendo el telescopio James Webb, así como por misiones de la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA).
El 3I/Atlas es el tercer objeto de origen interestelar identificado cruzando nuestro Sistema Solar, después del descubrimiento de 1I/‘Oumuamua en 2017 y del cometa 2I/Borisov en 2019. Cada uno de estos hallazgos ha ampliado nuestro conocimiento sobre la diversidad de cuerpos que viajan entre sistemas estelares y sobre los procesos de formación planetaria fuera de nuestro entorno inmediato.
Lo que se sabe del 3I/Atlas
Sin embargo, los detalles físicos del cometa siguen siendo limitados. Hasta ahora, se desconocen sus dimensiones exactas, aunque observaciones del telescopio Hubble sugieren que el núcleo del 3I/Atlas mide al menos 440 metros y no supera los 5.6 kilómetros de diámetro. Su trayectoria indica que el objeto se originó en una región de la Vía Láctea formada mucho antes que nuestro Sistema Solar, con una antigüedad estimada de alrededor de 4,600 millones de años. Esta hipótesis se basa en la alta velocidad del cometa, que impide que sea capturado por la gravedad solar, así como en las mediciones que confirman una trayectoria hiperbólica, lo que indica que no orbita alrededor del Sol.
Cuando fue descubierto a mediados de año, el cometa se desplazaba a una velocidad aproximada de 221,000 kilómetros por hora. Este valor aumentó hasta alcanzar los 246,000 kilómetros por hora el 29 de octubre, durante su mayor aproximación al Sol. Se espera que su velocidad disminuya gradualmente a medida que se aleje de la estrella, hasta recuperar una cifra similar a la inicial al abandonar el Sistema Solar.
Aunque el 3I/Atlas ya se encuentra en ruta de salida, los astrónomos continuarán su seguimiento. Desde el 27 de noviembre, la Red Internacional de Alerta de Asteroides mantiene un monitoreo activo del cometa, programado para concluir el 27 de enero de 2026.
Aquellos interesados en seguir la trayectoria del 3I/Atlas pueden hacerlo a través de la aplicación interactiva Eyes on the Solar System, desarrollada por la NASA, que permite visualizar en tiempo real el recorrido de este singular visitante interestelar.
