Las diferencias biológicas entre hombres y mujeres influyen en la forma en que aparecen y progresan muchas enfermedades, afectando tanto al diagnóstico como a la respuesta a los tratamientos. Estas diferencias también modifican la relación entre distintas patologías, generando combinaciones, riesgos y patrones de aparición conjunta distintos según el sexo. Sin embargo, hasta ahora, los mecanismos biológicos que explican estas asociaciones permanecían en gran medida inexplorados desde una perspectiva diferenciada por sexo.
Un nuevo estudio liderado por el Centro Nacional de Supercomputación – Barcelona Supercomputing Center (BSC), en colaboración con investigadores de la Universidad de Valencia y la Universidad Católica Portuguesa, publicado en Communications Medicine (Nature Portfolio), ha integrado por primera vez el sexo como una variable clave en el análisis de datos moleculares de enfermedades. El trabajo ofrece nuevas hipótesis biológicas que explican por qué ciertas patologías tienden a coexistir con mayor frecuencia en mujeres o en hombres, lo que tiene importantes implicaciones tanto para la investigación como para la práctica clínica.
Para llevar a cabo el análisis, el equipo científico del BSC utilizó la potencia de cálculo del superordenador MareNostrum 5 para procesar datos públicos que muestran cómo se activan los genes, obtenidos de consorcios internacionales ampliamente validados. En total, analizaron 8.906 muestras de pacientes correspondientes a más de 100 enfermedades en 25 tejidos diferentes, separando los datos según el sexo biológico. Observaron que la misma combinación de enfermedades surge a través de vías biológicas totalmente diferentes según el sexo: mientras que los procesos relacionados con el sistema inmunitario y el metabolismo predominan en las mujeres, mecanismos como la reparación del ADN y de los tejidos destacan en los hombres.
La investigación históricamente ha utilizado al hombre como modelo estándar, lo que ha causado sesgos diagnósticos y tratamientos menos eficaces para las mujeres. Nuestros resultados refuerzan la necesidad de analizar sistemáticamente a hombres y mujeres por separado para avanzar hacia una ciencia más precisa y equitativa, integrando el sexo como una variable biológica fundamental.
Alfonso Valencia, profesor ICREA, director del Departamento de Ciencias de la Vida del BSC y autor principal del estudio
Hasta ahora, la mayoría de los estudios que intentaban explicar a nivel molecular por qué ciertas enfermedades coexisten con más frecuencia de lo esperado por casualidad, lo hacían sin considerar el papel del sexo. Al analizar los datos por separado para mujeres y hombres, el equipo de investigación identificó mecanismos biológicos que sugieren que las estrategias de reducción de riesgos deben ser específicas para cada sexo, ya que un tratamiento eficaz para un hombre no necesariamente lo es para una mujer.
“Observamos, por ejemplo, que la diabetes tipo 2 y algunos tipos de cáncer muestran diferentes asociaciones en hombres y mujeres, mediadas por diferentes mecanismos biológicos”, señaló Jon Sánchez-Valle, investigador del BSC y primer autor del estudio. “Estos datos apuntan a tendencias que ayudan a generar nuevas hipótesis sobre cómo estas enfermedades se relacionan entre sí, pero es necesario confirmarlas en otras poblaciones.”
Hacia una medicina de precisión con perspectiva de sexo y género
El estudio también exploró la relación entre la coexistencia de enfermedades y el uso de medicamentos, señalando que algunos fármacos de uso común –como la metformina, ciertas quimioterapias o broncodilatadores– presentan diferentes asociaciones según el sexo. Estos resultados sugieren que el mismo fármaco modula el riesgo de enfermedades asociadas de manera diferente en mujeres y hombres.
“Detectamos que el uso de metformina se asoció con diferentes patrones en hombres y mujeres en relación con ciertas enfermedades como el cáncer de hígado, lo que se relaciona con diferencias hormonales y metabólicas”, indicó Sánchez-Valle. “Comprender estos mecanismos a nivel molecular nos ayudó a diseñar estudios clínicos más precisos y a replantear las estrategias de reutilización de fármacos.”
Si la eficacia y los efectos secundarios de algunos tratamientos dependen del sexo del paciente, integrar esta variable desde las primeras etapas de la investigación contribuye a prevenir efectos adversos y avanzar hacia una medicina de precisión mejor adaptada a la realidad biológica de cada persona.
“Comprender desde un punto de vista biológico por qué ocurren estas diferencias nos permitió identificar nuevos objetivos terapéuticos y avanzar hacia tratamientos más apropiados para cada condición”, añadió Sánchez-Valle. “Este trabajo abrió la puerta a una medicina de precisión que ya no asume que lo que funciona para los hombres necesariamente funciona para las mujeres.”
Al demostrar que las enfermedades y sus relaciones no son las mismas en mujeres y hombres, los investigadores concluyeron que se hace evidente la necesidad de integrar la variable sexo para superar los sesgos históricos que aún persisten en la salud pública. Solo así, dijeron, es posible avanzar hacia una medicina de precisión más justa que garantice que cada paciente reciba el tratamiento más adecuado a su realidad biológica y social.
Este estudio forma parte de la intersección de dos líneas estratégicas de investigación en el BSC: el análisis de los sesgos de sexo y género en la biomedicina y la inteligencia artificial, promovido a través del programa Bioinfo4Women; y el estudio de la comorbilidad y las relaciones entre enfermedades dentro de proyectos europeos y nacionales (COMMUTE y HEALED).
Fuente:
Referencia del artículo:
Sánchez-Valle, J., et al. (2025). Sex-specific transcriptome similarity networks elucidate comorbidity relationships. Communications Medicine. DOI: 10.1038/s43856-025-01329-0. https://www.nature.com/articles/s43856-025-01329-0
