La actividad física regular podría ser una medida preventiva contra el Alzheimer, según investigaciones recientes. Se estima que en los próximos seis años, 8.5 millones de estadounidenses desarrollarán la enfermedad de Alzheimer, y este número continúa en aumento.
A diferencia de un accidente cerebrovascular, el Alzheimer progresa gradualmente y, una vez iniciado, tiende a empeorar continuamente. Aproximadamente un tercio de los pacientes con Alzheimer experimentan un deterioro significativo en los primeros tres años, lo que resulta en la pérdida continua de células cerebrales y la interrupción de las conexiones entre ellas, afectando la función cognitiva y, eventualmente, reduciendo el tamaño del cerebro.
Esta enfermedad impacta severamente la calidad de vida, dificultando y, finalmente, imposibilitando la realización de actividades cotidianas. Actualmente, la investigación sobre el Alzheimer está en curso, siendo considerada una prioridad por la comunidad científica. Si bien se reconoce que la predisposición genética juega un papel importante, el ejercicio físico emerge como una estrategia clave para la prevención.
El profesor Brian Stamford, de la Facultad de Kinesiología y Fisiología Integrativa de la Universidad de Hanover en Indiana, enfatizó la importancia del ejercicio como la mejor medida preventiva. Incluso caminar puede estimular numerosas células cerebrales y mejorar el flujo sanguíneo, aumentando el suministro de oxígeno y la flexibilidad de los vasos sanguíneos.
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