La pérdida de la inocencia y el primer amor son temas universales, pero la forma en que se abordan puede ser profundamente conmovedora. Así lo demuestra el narrador de una reciente novela, Luigi Bellandi –conocido como Gigio–, un profesor y traductor de origen italo-irlandés. A través de su relato, nos transportamos a 1972, cuando Luigi tenía 12 años y un evento inesperado marcó un antes y un después en su vida, arrebatándole la despreocupación de la infancia.
El autor no observa ese periodo de su vida con distancia, sino que se sumerge en él con una meticulosidad casi obsesiva, prestando atención a cada detalle que conformaba la atmósfera de la época. La historia se desarrolla durante un verano en la Toscana, donde la familia de Luigi disfruta de sus vacaciones en la playa de Fiumetto, cerca de la ciudad de Vinci –sí, el lugar de nacimiento de Leonardo da Vinci–. Allí, la vida transcurre con la sencillez de los días de verano: su hermana menor, Gilda; su madre, una mujer irlandesa de belleza discreta y cabello extraordinario; y su padre, un abogado penalista apasionado por el mar y la navegación, un hombre “bueno y lleno de vida” que, aunque a veces ausente por su afición, siempre estaba presente para su familia, hasta que sus obligaciones laborales lo obligaron a interrumpir sus vacaciones.
