Tres semanas después del inicio de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, se hace evidente que ambas partes están librando batallas muy diferentes.
“Estados Unidos e Israel buscan una victoria rápida y decisiva”, afirma Mehran Kamrava, profesor de Gobierno de la Universidad de Georgetown en Qatar.
“Para Irán, simplemente resistir y sobrevivir es la victoria”.
Esta divergencia en la estrategia está moldeando el conflicto y generando temores de que pueda prolongarse mucho más de lo esperado.
¿Qué salió mal?
Kamrava explica que el camino hacia la guerra estuvo pavimentado tanto por la ambición política como por errores de cálculo.
“En lo que respecta a Benjamin Netanyahu, la guerra anterior nunca terminó realmente”, explica. “Estaba ansioso por asegurar que el sistema, tanto política como militarmente, fuera desmantelado”.
Al mismo tiempo, Irán interpretó erróneamente la situación en Washington.
“Irán negoció en sus propios términos y no se dio cuenta de la volatilidad e imprevisibilidad de la toma de decisiones del presidente Donald Trump”, señala.
Esta combinación contribuyó a empujar a ambas partes hacia un conflicto abierto.
Una guerra de dos lógicas
A pesar de las afirmaciones contradictorias de victoria, Kamrava sostiene que la realidad es más compleja.
“Lo que vemos son dos lógicas diferentes en juego”, dice. “Estados Unidos e Israel miden el éxito a través de daños militares visibles. Irán considera esto como un conflicto prolongado”.
Desde la perspectiva de Teherán, el objetivo no es una victoria rápida, sino la resistencia.
“Es una guerra en la que, con el tiempo, Irán desgastaría la determinación estadounidense e israelí”, explica. “La pregunta es quién parpadeará primero”.
Un sistema construido para perdurar
El conflicto ya ha suscitado interrogantes sobre el liderazgo iraní, especialmente tras los informes procedentes de Israel de que el alto cargo de seguridad Ali Larijani ha sido asesinado. Sin embargo, Kamrava afirma que el sistema está diseñado para absorber golpes como este.
“El sistema está diseñado para seguir funcionando incluso sin la cúpula de liderazgo”, explica. “Las decisiones se pueden tomar de forma algo autónoma”.
Incluso si se confirma la muerte de Larijani por parte de Irán, la describe como un revés, no como un punto de inflexión.
“No importa si está vivo o es capaz de tomar decisiones. El sistema sigue funcionando”.
Las decisiones militares, según él, están impulsadas por instituciones como la Guardia Revolucionaria, que están estructuradas para operar incluso sin un liderazgo directo.
Dentro de Irán: poder sin visibilidad
Al mismo tiempo, la incertidumbre en torno a Mojtaba Khamenei ha atraído la atención.
“Su ausencia es palpable. Ni siquiera tenemos una grabación de su voz”, dice Kamrava.
Pero, de nuevo, argumenta que la imagen general es institucional, no personal.
“No importa si es capaz de tomar decisiones de mando o no. El sistema sigue funcionando y se están tomando decisiones militares”.
Un conflicto en expansión
Más allá de las fronteras de Irán, la guerra ya se está extendiendo por la región. Kamrava dice que se sorprendió de lo rápido que los países del Golfo se convirtieron en objetivos.
“Me sorprendió que los iraníes atacaran tan rápida y extensamente a los estados del CCG”, afirma.
Esto deja a los gobiernos regionales en una posición difícil.
“Están siendo atacados por Irán, pero no quieren verse arrastrados a una guerra estadounidense-israelí”, explica.
También existe una preocupación más profunda por la seguridad a largo plazo.
“Si entran en guerra, ¿qué garantiza que Estados Unidos no empacará y se irá mañana?”, se pregunta.
No hay un final claro a la vista
Por ahora, hay poca certeza sobre cómo o cuándo terminará el conflicto.
“Solo el presidente Donald Trump sabe cuándo terminará la guerra”, dice Kamrava. “Podría declarar la victoria mañana”.
Mientras tanto, los esfuerzos de los actores regionales para mediar continúan discretamente en segundo plano. Lo que queda claro, sin embargo, es que ni Irán ni sus vecinos van a desaparecer.
“Estos son países que están malditos o bendecidos por la geografía para ser vecinos”, dice. “Deben encontrar una manera de convivir”.
Hasta entonces, la guerra corre el riesgo de convertirse en exactamente lo que Irán parece estar preparando desde el principio: un conflicto largo y lento sin una salida fácil.
