Un equipo internacional de investigadores ha descubierto restos de glóbulos rojos fosilizados y moléculas de hemo en los huesos de un dinosaurio de 115 millones de años de antigüedad hallado en Brasil, aportando evidencias químicas de componentes sanguíneos.
La paleontología molecular acaba de redefinir sus propios límites temporales. Analizando muestras extraídas de las extremidades posteriores de un Aratasaurus museunacionali, los científicos identificaron diminutas microestructuras esféricas que conservan la morfología celular y firmas químicas in situ totalmente diferenciadas de la capa microbiana circundante. El trabajo, publicado en la revista PNAS, aporta las primeras pruebas químicas inequívocas de componentes sanguíneos conservados a lo largo de más de un centenar de millones de años, un hito que desafía las hipótesis tradicionales sobre la rápida degradación de las biomoléculas.
El hallazgo en el Aratasaurus museunacionali y la química del hemo
El ejemplar protagonista de esta investigación fue descubierto inicialmente en 2008 en el estado brasileño de Ceará y descrito científicamente en 2020. Se trata de un dinosaurio terópodo juvenil de unos 3,12 metros de longitud cuyos restos óseos proceden de los depósitos de la Formación Romualdo, en la cuenca de Araripe, situada en el noreste del país.
Al examinar los diminutos canales vasculares del interior de los huesos, los investigadores detectaron señales moleculares que revelaron la presencia de hemo, el componente esencial de la hemoglobina encargado de transportar el oxígeno en la sangre. Las señales detectadas diferían drásticamente del tapiz microbiano exterior, lo que confirmó el origen interno de los biomarcadores.
Que sepamos, éste es el primer estudio que documenta estructuras fosilizadas similares a glóbulos rojos, acompañadas de evidencias químicas in situ relacionadas con el hemo, en un fósil de dinosaurio.
Kliti Grice, directora del Centro de Geoquímica Orgánica e Isotópica de la Universidad Curtin
Cómo actuó la cápsula del tiempo mineral bajo suelo brasileño
La supervivencia de tejidos blandos durante períodos geológicos tan extensos desconcertaba a la comunidad científica. La clave de esta preservación excepcional radica en las condiciones ambientales posteriores al deceso del animal. El dinosaurio quedó sepultado de forma súbita en un entorno con baja concentración de oxígeno y alta actividad microbiana.

Esa combinación propició una mineralización por manganeso que incluyó la presencia de hausmannita, un óxido de manganeso asociado de forma constante a las estructuras celulares. Este mineral actuó como una coraza protectora que estabilizó las células y sus componentes moleculares, protegiéndolos frente a los procesos naturales de descomposición.
Lo que resulta especialmente emocionante es que, a primera vista, el propio hueso no parece tener nada de extraordinario. Esto nos recuerda que es posible que ya se conserve información molecular extraordinaria en fósiles que se encuentran en colecciones de museos de todo el mundo.
Kliti Grice
Implicaciones para la fisiología de especies extintas y la astrobiología
El equipo liderado desde la Universidad de Curtin ha aportado pruebas químicas directas. Los investigadores señalan que la apertura de esta vía molecular permitirá en el futuro investigar con mayor precisión la evolución de la sangre, los niveles de actividad física y el metabolismo de animales extinguidos. Asimismo, especialistas apuntan que comprender los mecanismos terrestres que preservan biomoléculas durante 115 millones de años resulta aplicable a la astrobiología, facilitando la identificación de posibles rastros de vida antigua en entornos planetarios adversos como las rocas de Marte.

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