La expresión “cuerpo inflamado” es común entre especialistas y personas que buscan mejorar su bienestar físico y adelgazar. Desde el punto de vista de la medicina, la inflamación es un mecanismo natural de defensa del organismo.
Sin embargo, en el contexto metabólico, el término suele referirse a un estado de inflamación crónica de bajo grado, asociado a alteraciones en el metabolismo que aumentan el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y otros problemas de salud.
Esta condición es lo que los médicos denominan síndrome metabólico. Se trata de un conjunto de factores que suelen presentarse juntos, como el aumento de la grasa abdominal, la presión arterial alta, alteraciones en el colesterol y en los niveles de azúcar en la sangre.
Según información del Ministerio de Salud, esta condición está directamente relacionada con el estilo de vida, especialmente con una alimentación inadecuada y el sedentarismo.
¿Cuál es la diferencia entre inflamación en el cuerpo y “cuerpo inflamado”?
De acuerdo con el médico general Natan Chehter, profesor de la Universidade Cidade de São Paulo (Unicid), la inflamación en el cuerpo es, esencialmente, la forma en que el sistema inmunológico se comunica y reacciona ante una agresión.
“El cuerpo tiene células de defensa especializadas, como linfocitos, mastocitos y células dendríticas, que funcionan como centinelas. Detectan cuando algo anda mal – una infección, una alergia, un cáncer o incluso un trauma – y liberan mediadores inflamatorios, que son mensajes químicos para convocar a otras defensas”, explica.
Estas respuestas varían según el tipo de amenaza. Una infección bacteriana genera una respuesta diferente a una alergia o una enfermedad autoinmune. Cada situación activa interleucinas y mediadores inflamatorios específicos, que reclutan células distintas para lidiar con el problema.
Por lo tanto, la inflamación no es una enfermedad en sí misma, sino un proceso. Puede generar señales como fiebre, dolor, hinchazón y cansancio, pero no toda inflamación provoca síntomas claros.
“No investigamos la inflamación de forma aislada. El médico investiga síntomas como fiebre o fatiga. Si la inflamación está detrás de ello, indica que existe otra causa que debe ser descubierta”, afirma Chehter.
Desde el punto de vista metabólico, en el día a día, cuando los profesionales de la salud hablan de “cuerpo inflamado”, generalmente se refieren a la inflamación crónica asociada al síndrome metabólico.
En este caso, no se trata de una infección o de una reacción aguda, sino de un estado persistente de activación inflamatoria ligado al metabolismo. Según el nutricionista Lucas Alves Deienno, de la Clínica CliNutri, especialista en metabolismo y adelgazamiento, este tipo de inflamación está fuertemente relacionado con la alimentación.
“Los alimentos inflamatorios son aquellos que, cuando se consumen con frecuencia, estimulan respuestas inflamatorias crónicas. Activan vías metabólicas relacionadas con el aumento de citocinas inflamatorias, el estrés oxidativo y la resistencia a la insulina”, explica.
Principales síntomas asociados al “cuerpo inflamado”
Es importante recordar: la presencia de un síntoma aislado no confirma el diagnóstico; se necesitan exámenes y evaluación médica.
- Acumulación de grasa abdominal.
- Aumento progresivo de la cintura.
- Presión arterial elevada.
- Niveles de glucosa elevados en ayunas.
- Alteraciones en los niveles de colesterol y grasa en la sangre.
- Sensación persistente de cansancio.
- Dificultad para perder peso incluso con dieta y ejercicio.
¿Qué alimentos favorecen más la inflamación metabólica?
Entre los alimentos más asociados al aumento de la inflamación se encuentran el azúcar en exceso, las harinas refinadas, los ultraprocesados, los embutidos, las frituras, la comida rápida y el consumo elevado de alcohol.
De acuerdo con Deienno, estos productos tienen una alta densidad calórica y pocos micronutrientes, lo que favorece el aumento de peso y, con el tiempo, la inflamación crónica. Aunque conducen al mismo resultado, los alimentos actúan por mecanismos diferentes.
El azúcar en exceso, por ejemplo, provoca picos de glucosa e insulina, lo que puede evolucionar hacia resistencia a la insulina. Las grasas saturadas y trans, por su parte, interfieren en la producción de mediadores inflamatorios y aumentan el riesgo cardiovascular.
“Los ultraprocesados, a su vez, suelen reunir estos dos factores y también contienen aditivos que pueden perjudicar la función intestinal”, explica.
¿Las personas delgadas también pueden tener inflamación crónica?
Sí. El nutricionista destaca que el peso corporal no es un marcador aislado de salud metabólica. “Las personas delgadas también pueden presentar inflamación crónica cuando la alimentación se basa en ultraprocesados y hay un bajo consumo de alimentos naturales”, afirma.
La obesidad, sin embargo, es un factor agravante importante. El exceso de tejido adiposo perjudica la acción de la insulina y libera citocinas inflamatorias, que mantienen al organismo en un estado constante de alerta metabólica.
En la inflamación metabólica, las señales suelen ser más sutiles e inespecíficas. Entre los síntomas que frecuentemente mejoran con cambios alimentarios se encuentran la hinchazón abdominal, los gases, la retención de líquidos, el funcionamiento irregular del intestino, el cansancio excesivo y la falta de energía.
Deienno resalta que algunos alimentos pueden ser inflamatorios dependiendo de la condición clínica de la persona. La leche y sus derivados, por ejemplo, pueden causar inflamación en personas con intolerancia a la lactosa, mientras que el gluten es un problema para personas con enfermedad celíaca o sensibilidad no celíaca.
Alimentos que ayudan a reducir la inflamación
Una alimentación rica en alimentos naturales puede ayudar a modular este proceso inflamatorio. Frutas, verduras y legumbres variadas, aceite de oliva virgen extra, pescados ricos en omega 3, frutos secos, semillas y especias como la cúrcuma –por la acción de la curcumina– están asociados a efectos antiinflamatorios.
Además de la dieta, la ingesta adecuada de agua y la práctica regular de actividad física son fundamentales para mejorar el metabolismo y reducir la inflamación de bajo grado.
¿En cuánto tiempo aparecen los beneficios?
El tiempo de respuesta varía según el grado de inflamación y la adherencia a los cambios de hábitos. A corto plazo, es común observar menos hinchazón, mejor digestión y más energía.
“A medio plazo, comienzan a surgir alteraciones metabólicas más profundas, como la mejora de la sensibilidad a la insulina y la reducción de marcadores inflamatorios en los exámenes”, enseña el nutricionista.
En términos generales, el “cuerpo inflamado” es una señal de alerta de que el organismo está sufriendo desequilibrios metabólicos. Identificar estas señales precozmente y ajustar el estilo de vida puede evitar la progresión a enfermedades más graves.
