El intestino, similar a una “ciudad”, alberga tanto bacterias beneficiosas como patógenas ocasionales. Un estudio publicado en Nature Microbiology (Marzo de 2025; 10(3):654-666) investigó cómo las células inmunitarias colaboran con las bacterias beneficiosas para resistir los patógenos, utilizando la bacteria Citrobacter rodentium (que simula la E. Coli patógena en humanos) en ratones. El equipo de investigación descubrió que un tipo de célula inmunitaria llamada células linfoides innatas de grupo 3 (ILC3) no solo forma parte de la defensa inmunitaria, sino que también regula la composición de la microbiota intestinal, proporcionando una “doble protección”.
Las ILC3, a través de la secreción de IL-22, controlan la glicosilación intestinal (específicamente la modificación con galactosa), estabilizando así la composición de las bacterias beneficiosas. En ratones sin ILC3, se observó un aumento de la glicosilación intestinal, lo que provocó un aumento significativo de Akkermansia muciniphila (una bacteria mucínica) en la capa de mucosidad, liberando el metabolito succinato. Estos cambios, a su vez, estimulan la expresión de factores de virulencia (como tir y ler) en C. Rodentium, facilitando la colonización de la bacteria patógena. En otras palabras, las ILC3 mantienen la modificación de la cadena de azúcar intestinal y el equilibrio de la microbiota, suprimiendo indirectamente el “sistema de armas” de los patógenos y protegiendo al huésped de la infección.
Este estudio subraya la importancia de la colaboración entre las células inmunitarias intestinales y las bacterias comensales para resistir las infecciones. La inmunodeficiencia o el desequilibrio de la microbiota pueden convertir a “residentes normalmente benignos” en promotores de patógenos, como ocurrió con Akkermansia muciniphila en esta investigación, que pasó de ser una bacteria beneficiosa a un factor que indirectamente favorece a las bacterias dañinas. Mantener un intestino sano requiere una dieta equilibrada, una ingesta adecuada de fibra dietética y evitar el estrés prolongado y el uso excesivo de antibióticos, que pueden alterar la microbiota intestinal. Si bien no podemos controlar directamente las ILC3, una buena dieta y hábitos de vida saludables pueden apoyar el equilibrio inmunológico y de la microbiota, manteniendo la “ciudad intestinal” segura y estable, y reduciendo el riesgo de infección y enfermedades crónicas. (Equipo de investigación del Departamento de Fisiología y el Centro de Investigación de la Microbiota del Instituto de Medicina de la Universidad Nacional Yang Ming Chiao Tung)
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