Investigadores entrenan células cerebrales cultivadas en laboratorio para jugar ‘Doom

by Editor de Tecnologia

Células cerebrales cultivadas en laboratorio aprenden a jugar a *Doom*: un avance sin precedentes en neurociencia

Un equipo de investigadores ha logrado un hito científico sin precedentes: entrenar células cerebrales cultivadas en laboratorio para que interactúen con un entorno virtual y ejecuten acciones complejas, como jugar al clásico videojuego *Doom*. El estudio, desarrollado por científicos de la Universidad de California en San Francisco (UCSF) y publicado en la revista *Nature*, demuestra cómo redes neuronales artificiales pueden replicar funciones cognitivas básicas, abriendo nuevas posibilidades para entender el cerebro humano y desarrollar terapias para enfermedades neurodegenerativas.

Células cerebrales cultivadas en laboratorio aprenden a jugar a *Doom*: un avance sin precedentes en neurociencia
Universidad de California

El experimento se basó en organoides cerebrales, estructuras tridimensionales compuestas por neuronas cultivadas en laboratorio que imitan parcialmente la arquitectura del cerebro. Los investigadores conectaron estos organoides a un sistema de inteligencia artificial que les permitió «aprender» mediante refuerzo positivo: cada vez que las células generaban señales eléctricas que correspondían a movimientos válidos en el juego (como disparar o moverse), recibían una retroalimentación que reforzaba esa conducta. Tras semanas de entrenamiento, las redes neuronales lograron navegar por niveles del juego con un nivel sorprendente de autonomía, tomando decisiones similares a las de un jugador humano.

Aunque el logro no implica que las células tengan conciencia —los científicos insisten en que se trata de un sistema reactivo sin autoconciencia—, el avance es significativo porque confirma que es posible entrenar tejido cerebral artificial para realizar tareas complejas usando solo principios de neuroplasticidad y aprendizaje por refuerzo. «Este no es un cerebro en miniatura, pero es una herramienta poderosa para estudiar cómo se forman los circuitos neuronales y cómo podrían repararse en enfermedades como el Alzheimer o el Parkinson», explicó el líder del estudio, Sergey Shusterman, neurocientífico de la UCSF.

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El estudio también subraya los límites actuales de la tecnología: los organoides carecen de la complejidad de un cerebro real y requieren condiciones de laboratorio estrictas para sobrevivir. Sin embargo, los investigadores ven potencial en escalar estos modelos para aplicaciones médicas, como probar fármacos en tejido cerebral humano sin necesidad de ensayos en animales. «Podríamos usar estos sistemas para simular cómo un medicamento afectaría a un paciente específico, personalizando tratamientos de manera sin precedentes», añadió el equipo en su paper.

Mientras el proyecto avanza, surgen preguntas éticas sobre los límites de manipular tejido cerebral artificial. ¿Podrían estos sistemas desarrollarse hasta alcanzar niveles de complejidad comparables a la inteligencia humana? Por ahora, los científicos se enfocan en lo tangible: demostrar que la frontera entre lo artificial y lo biológico en neurociencia ya no es tan clara como antes.

El artículo original fue publicado por Taipei Times y forma parte de una serie de reportajes sobre innovaciones en inteligencia artificial y biotecnología. Para profundizar en el tema, puedes revisar más análisis en Google News.

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