Las masivas protestas que sacuden Irán han puesto en duda la continuidad del régimen liderado por el ayatolá Jamenei, un aliado clave tanto de China como de Rusia. La situación, seguida de cerca por potencias como Estados Unidos e Israel, tiene implicaciones geopolíticas significativas para la región.
Las manifestaciones, que se extienden por todo el país desde diciembre, responden a una combinación de factores, incluyendo el deterioro económico, la pérdida de poder adquisitivo y una creciente demanda de cambio político. La dura respuesta del régimen, con un saldo de más de 1500 fallecidos según fuentes oficiales citadas por Reuters, ha intensificado la presión, incluso con la amenaza de ataques militares por parte de Estados Unidos en caso de que continúe la represión y las ejecuciones. La Casa Blanca también impuso aranceles del 25% a cualquier país que negocie con Irán, afectando especialmente a China, su principal socio comercial, y a Rusia, con quien mantiene importantes vínculos militares.
China y Rusia podrían perder un importante aliado regional con la caída del régimen en Irán
Para China, la relación comercial con Irán es un elemento central en sus consideraciones geopolíticas, especialmente tras la situación en Venezuela y las complicaciones en la importación de petróleo que esto ha generado para la potencia asiática. El Partido Comunista Chino considera al régimen de los ayatolás un aliado importante y su principal socio comercial, principalmente por las importaciones de petróleo.
Según datos de la empresa de seguimiento comercial Kpler, China importó un promedio de 1.38 millones de barriles de petróleo iraní en 2025, lo que representa el 12% de sus importaciones totales de crudo, incluyendo los envíos que llegan a refinerías chinas a través de triangulaciones para evitar las sanciones internacionales.

Además, la ubicación estratégica de Irán lo convierte en un pilar de su iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda, con un compromiso de 400 mil millones de dólares en el país durante los próximos 25 años. En mayo del año pasado, ambas naciones inauguraron una vía férrea directa que reduce el tiempo de transporte comercial a 15 días, en comparación con los 40 días que requiere la ruta marítima. Otros proyectos, como un oleoducto de 280 mil millones de dólares que conectaría el Cáucaso, Irán y Pakistán, también contarían con financiación china, aunque su futuro es incierto debido a la inestable situación política en Irán.
En cuanto a Rusia, si bien existen intereses comerciales, como el acuerdo bilateral firmado en 2023 para alcanzar una inversión de 40 mil millones de dólares, la disminución de Moscú en la lista de principales socios comerciales del régimen en 2025 revela que lo que subyace a las declaraciones es una sólida colaboración en materia de seguridad.
Según un reciente informe del Middle East Council for Foreign Affairs, el origen de la alianza radica en la presión sistémica que Occidente ejerce sobre ambos países, y la guerra en Ucrania ha acelerado la cooperación en el ámbito armamentístico: “Cuando Rusia enfrentó crecientes desafíos militares y económicos, recurrió a Irán en busca de asistencia para adquirir y producir conjuntamente drones, que luego desplegó en Ucrania”.

Esta cooperación abarca tanto negocios actuales para Moscú, como la “cooperación extendida en tecnología militar”, como aspectos estratégicos como la cooperación en inteligencia y soporte técnico. El think tank señala además que “Rusia ha facilitado la cooperación en defensa de Irán con aliados tradicionales, como Bielorrusia y Tayikistán”.
En definitiva, tanto China como Rusia tienen mucho que perder con una posible caída del ayatolá Jamenei en Irán, lo que sin duda influye en las acciones de Estados Unidos y su aliado Israel en la región.
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