La reconocida astrónoma chilena María Teresa Ruiz enfrenta una degeneración macular que le impide observar las estrellas, un obstáculo físico que cierra cinco décadas dedicadas al cosmos. Galardonada con el Premio Nacional de Ciencias Exactas en 1997, la científica dejó un legado imborrable tras descubrir las enanas cafés y presidir la Academia Chilena de Ciencias.
María Teresa Ruiz, de 79 años, se convirtió en un referente de la astronomía al ser la primera mujer chilena titulada en la disciplina y la primera en cursar un doctorado en astrofísica en la Universidad Princeton. Su trayectoria, marcada por la exploración de cuerpos celestes invisibles a simple vista, cambió de rumbo debido a una afección visual que limita su capacidad para leer, escribir y observar el cielo nocturno, una situación que la llevó a jubilarse de la universidad según informó un medio nacional.
El descubrimiento de Kelü-1 en el Observatorio La Silla
La noche del 16 de marzo de 1997, desde el Observatorio La Silla ubicado en el Desierto de Atacama, la investigadora detectó un cuerpo celeste que no correspondía a ninguna estrella convencional ni a los restos de astros extintos que rastreaba desde hacía una década. Aquel objeto se situaba en un punto intermedio entre estrella y planeta, una categoría teórica hasta entonces no comprobada en la práctica de acuerdo con el reporte de Biobiochile.
Yo siempre he dicho que fue un regalo del universo y había gente que estaba más picada, porque había grandes proyectos en el mundo haciendo instrumentos, telescopios y satélites especiales para detectar estos objetos. Y este me vino a buscar a mí, yo no lo estaba buscando, digamos, así que fue un regalo inesperado y muy lindo.
A este primer ejemplar lo denominó kelü
, término que significa rojo en mapudungún debido a su tonalidad característica. El hallazgo le valió el Premio Nacional de Ciencias Exactas ese mismo año y abrió la puerta para que equipos internacionales identificaran una gran cantidad de objetos similares en distintas regiones del espacio.
Homenaje teatral y reflexiones sobre ciencia y arte
El impacto cultural del trabajo de la astrónoma trascendió el ámbito académico e inspiró a la dramaturga Ximena Carrera a crear la obra Kelü: dos astrónomas, dos épocas, el mismo cielo
. Dirigida por Ana López Montaner y protagonizada por Blanca Lewin y Adriana Stuven, la puesta en escena entrelaza la investigación de 1997 con la figura histórica de la científica angloamericana Cecilia Payne-Gaposhkin, quien descifró la composición estelar en 1925 sin recibir el reconocimiento inmediato de su época detalló la cobertura cultural de El Mostrador.

Encontré que estaba hecho todo con mucha delicadeza y la parte científica, eso es lo que más me ha sorprendido. Estaba muy correcta. Yo creo que ahí hay que sacarse el sombrero por Ximena Carrera porque supo hablar del tema científico con mucha propiedad y bueno las actrices son buenísimas.
Para la científica, la experiencia artística demostró que los polos opuestos de la creatividad humana comparten métodos similares. La astrónoma señaló que tanto los creadores escénicos como los investigadores deben explorar territorios inexplorados y defender sus posturas ante el escrutinio público.
Desafíos actuales del financiamiento científico en Chile
Fuera de los escenarios y los observatorios, la científica mantiene una postura crítica frente a la asignación de recursos públicos para la investigación. Al ser consultada sobre los recortes presupuestarios impulsados durante la administración de gobierno actual encabezada por José Antonio Kast, la académica advirtió sobre las limitaciones históricas del sector según consignó el medio digital.
A pesar de la degeneración macular que padece y que la obliga a readaptarse a las etapas básicas de lectura, la científica conserva un estrecho vínculo con las nuevas generaciones. Mantiene contacto con niñas interesadas en la disciplina que le envían dibujos y cartas, consolidando un legado que inspira vocaciones científicas a pesar de las brechas de género persistentes en el área.
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