La salud cardiovascular no se limita a los resultados de un análisis o a visitar al médico ante el dolor. Es, sobre todo, el resultado de pequeñas decisiones cotidianas que acumulamos a lo largo de los años: nuestra alimentación, el nivel de actividad física, la gestión del estrés y los hábitos que repetimos casi sin darnos cuenta.
En un contexto donde las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte en muchos países, prestar atención a la alimentación ha dejado de ser una tendencia para convertirse en una herramienta de prevención. Y lo más interesante es que, en muchos casos, los cambios más eficaces son también los más sencillos.
En este sentido, el cardiólogo Aurelio Rojas subraya que pequeños gestos pueden tener un gran impacto. De hecho, resume su recomendación de forma clara: “Comer entre seis y ocho unidades al día de este fruto seco puede ser el mejor tratamiento para tu salud”.
El experto destaca la nuez como el fruto seco ideal para incorporar a la dieta, debido a sus múltiples beneficios: ayuda a reducir el colesterol, mejora la variabilidad de la frecuencia cardíaca –un indicador clave de la salud cardiovascular– y contribuye a combatir la inflamación.
Según explica, su efecto no se limita a “bajar el colesterol”, como muchos creen. Lo realmente importante es que actúa sobre el LDL oxidado, la forma más peligrosa de colesterol, directamente implicada en la formación de placas en las arterias y en el desarrollo de infartos e ictus. Diversos metaanálisis publicados en la revista American Journal of Clinical Nutrition han observado reducciones de hasta un 10% en este marcador en personas que consumen nueces de forma habitual.
Rojas también destaca que este fruto seco mejora la variabilidad de la frecuencia cardíaca (VFC), un indicador cada vez más utilizado para evaluar la salud del sistema nervioso autónomo y que actualmente puede controlarse incluso con relojes inteligentes. Una mayor VFC se asocia con una mejor capacidad de adaptación al estrés y un menor riesgo cardiovascular, ya que las nueces favorecen la actividad del sistema nervioso parasimpático, responsable de contrarrestar los efectos del estrés sobre el corazón.
La inflamación, el factor silencioso
El tercer beneficio, y uno de los más relevantes, es su impacto sobre la inflamación. La inflamación crónica de bajo grado está detrás de muchas enfermedades no transmisibles. En este contexto, cobra especial importancia la proteína C reactiva ultrasensible (PCR-us), un marcador que permite detectar niveles muy bajos de inflamación en el organismo.
Cuando sus valores están elevados, el riesgo cardiovascular aumenta, incluso si otros parámetros como el colesterol parecen normales. El consumo regular de nueces ha demostrado reducir la PCR-us entre un 10% y un 15%, un descenso clínicamente significativo desde el punto de vista preventivo.
Uno de los respaldos más sólidos procede del estudio PREDIMED, uno de los mayores ensayos sobre dieta mediterránea y salud cardiovascular. En él se observó que quienes consumían unos 30 gramos diarios de nueces –entre seis y ocho unidades– presentaban hasta un 30% menos de riesgo de sufrir un infarto.
Un gesto tan sencillo como añadir un pequeño puñado de nueces al día puede marcar una diferencia significativa en la salud del corazón. A veces, la prevención comienza con decisiones más simples de lo que imaginamos.
