Uno de los últimos fenómenos tecnológicos ha sido, sin duda, la irrupción de OpenClaw. No es de extrañar, ya que de repente es posible tener un asistente de Inteligencia Artificial de código abierto y gratuito –aunque existen opciones de pago– que añade un elemento diferencial: no se aloja en la nube, sino que se instala en el ordenador.
Y, gracias a que se ejecuta localmente en nuestros dispositivos, funciona como una especie de capa operativa que nos permite interactuar con ellos y nuestras aplicaciones a través de las herramientas de chat que todos conocemos, conectadas con LLMs como Claude o ChatGPT.
Este hecho hace posible, a diferencia de lo que sucede con los chatbots tradicionales, realizar acciones reales como gestionar archivos, automatizar tareas, controlar el navegador y ejecutar comandos del sistema, conectando nuestras conversaciones de chat con la funcionalidad de nuestro ordenador. Todo ello bajo la promesa de una mayor seguridad, ya que nuestros datos son nuestros y de nadie más.
Un diamante por pulir
“Creo que la gran diferencia es que realmente se ejecuta en tu dispositivo. Todo lo que he visto hasta ahora se ejecuta en la nube y puedes hacer algunas cosas. Pero si ejecutas el asistente desde tu ordenador, puede hacer cualquier cosa y eso es mucho más poderoso. Puedes conectarte a tu horno, a tu Tesla, a tus luces, a tus altavoces. ChatGPT no puede hacer eso”, aseguraba recientemente en una entrevista en el canal de YouTube de la aceleradora de startups Y Combinator el ingeniero austríaco Peter Steinberger, creador de la herramienta, quien reconoce sentirse abrumado por la respuesta y el respaldo recibidos desde su lanzamiento. Steinberg se incorporó a finales de febrero de 2026 a OpenAI, la empresa de Sam Altman creadora de ChatGPT.
“Ha sido absolutamente salvaje. No sé cómo un ser humano puede asimilar todo eso. Claramente he desarrollado algo que ha despertado emociones, que ha conseguido que la gente se interesara y que ha inspirado a muchas personas, y eso es realmente genial”, asegura.
De hecho, Steinberger ha esbozado, o mejor dicho, ha cristalizado lo que algunos líderes tecnológicos llevan tiempo vaticinando. Sin ir más lejos, Sundar Pichai, CEO de Google, afirmaba a finales de año en una entrevista concedida a la BBC: “Hoy ya puedes hablar con los sistemas de IA, hacerles preguntas, mantener un intercambio razonado y pasar de un tema a otro sin problema. El siguiente paso que veremos en los próximos 12 meses es que asuman tareas más complejas en tu lugar. Ahí es donde empieza a ponerse interesante porque el propio sistema será capaz de actuar en tu nombre con supervisión”, aseguraba.
“Más adelante –añadía– eso implica que podrá ayudarte en decisiones más delicadas, como si tiene sentido invertir en determinadas acciones o valorar los pros y los contras de un tratamiento médico recomendado por tu doctor. Son escenarios muy reales, no ciencia ficción. Todavía hay trabajo por hacer, pero esa es la trayectoria”.
Pues bien, no habían pasado ni tres meses y algo de esto ya comienza a tomar forma con OpenClaw. “Creo que ese es el siguiente paso natural. Por ejemplo, quiero reservar un restaurante. Mi bot se pondrá en contacto con el bot del restaurante y se encargará de la reserva porque es más eficiente. O tal vez, en caso de que sea un restaurante más tradicional, hará algún tipo de trabajo previo antes de que el humano llame al restaurante”, asegura Steinberger.
“Y me imagino una situación en la que podemos tener múltiples bots especializados para la vida personal o para el trabajo. Es todavía pronto. Todavía hay muchas cosas que no hemos probado realmente si funcionan. Pero siento que ahora estamos en el buen camino”, añade.
Lo que sí parece vislumbrar con mayor claridad es que las aplicaciones, tal y como las conocemos, tienen los días contados con estos nuevos agentes de IA. “Creo que el 80 % de ellas van a desaparecer. ¿Para qué necesito una aplicación fitness si el agente ya sabe que estoy tomando malas decisiones? Voy a una hamburguesería y dará por hecho que como lo que me apetece. Si no hago ningún comentario, lo registrará automáticamente, o si hago una foto, simplemente la guardará en algún sitio. Ni siquiera tengo que preocuparme. Y luego quizá mejore mi rutina del gimnasio y añada un poco más de cardio o lo que sea. No necesitaré una app de fitness porque simplemente me ayudará”, reflexiona.
“¿Para qué necesito una aplicación de tareas pendientes? Puedo decirle: «Oye, recuérdame esto y esto». Y al día siguiente me lo recordará. ¿Me importa dónde se almacena? No, simplemente hace lo que tiene que hacer. Así que todas las aplicaciones que básicamente solo gestionan datos podrían gestionarse mejor, de una forma más natural, mediante agentes. Solo las aplicaciones que tengan, por ejemplo, sensores o alguna conexión física sobrevivirán”, zanja.
Así pues, OpenClaw representa esa transición de una IA que ayuda a una IA que actúa. Básicamente le das un objetivo y decide cómo acometerlo. Puede investigar, navegar, analizar datos, crear contenido e incluso enlazar unas tareas con otras y, como decíamos, se instala en el ordenador y puede llegar a controlarse en remoto a través de apps de mensajería. Los modelos de IA que utiliza, Claude y ChatGPT, son gratuitos porque no se basa en su última versión, aunque también se puede acceder a ella pagando.
Al final, estamos ante un sistema versátil cuyas posibilidades parecen infinitas, ya que a diario surgen nuevas funcionalidades. Pero hay que mantener la prudencia porque es un recién nacido que tiene muchas cosas que demostrar, sobre todo en términos de seguridad, ya que puede filtrar información sensible o estar expuesto a la pericia de un hacker que se haga con el control del ordenador. Una debilidad de la que Steinberger es consciente.
“¿Cuál es el siguiente paso? La seguridad sigue siendo nuestra máxima prioridad. También nos estamos centrando en la fiabilidad de las puertas de enlace y en perfeccionar el servicio, además de añadir compatibilidad con más modelos y proveedores”, concluye su creador.
OpenClaw no es sino un WIP (work in progress) con un enorme potencial. Pero antes de que se convierta en un ‘trabajador’ de confianza a nuestro servicio, debe demostrar que no es vulnerable ni que nos va a trasladar esa vulnerabilidad. No queremos al enemigo en casa. Por ello ya ha habido movimientos esperanzadores, como la alianza con VirusTotal, para cerrar las brechas de seguridad. Pero hay trabajo por hacer. Si decides darle una oportunidad, asegúrate de tomar todas las precauciones posibles.
