Un estudio realizado en la Universidad de Quebec en Montreal (UQAM) sugiere una posible relación entre el uso de la píldora anticonceptiva y la ansiedad. Los resultados, aunque no demuestran una relación de causa y efecto, indican que esta asociación podría persistir incluso después de que las mujeres hayan dejado de tomar la píldora durante más de un año.
Lisa-Marie Davignon, estudiante de doctorado en psicología y autora principal del estudio, enfatiza la importancia de interpretar estos hallazgos con cautela. “Soy prudente porque no quiero alarmar a la gente innecesariamente. Creo que es un tema que vale la pena discutir y que puede despertar el interés en la salud de la mujer, pero mi objetivo no es alarmar a nadie, solo abrir el debate”, explica Davignon.
La investigación se basa en el hecho de que las mujeres son dos veces más propensas que los hombres a experimentar trastornos de ansiedad, y que las hormonas sexuales podrían desempeñar un papel en este fenómeno. Davignon exploró la conexión entre la píldora anticonceptiva, que contiene hormonas sexuales, y el miedo, una emoción central en los trastornos de ansiedad.
Durante el experimento, los participantes fueron expuestos a imágenes de una oficina y una biblioteca. En uno de los dos entornos, se les aplicaba una pequeña descarga eléctrica repetidamente. “Después de un tiempo, las mujeres aprendían a tener miedo de ese contexto porque anticipaban que iban a recibir una descarga eléctrica. En paralelo, había un segundo contexto que nunca se asociaba con una descarga eléctrica, que era, por lo tanto, un contexto seguro”, describe Davignon.
Al día siguiente, los participantes regresaron al laboratorio y se les presentó nuevamente a ambos contextos. Si bien todos experimentaron miedo en el contexto peligroso, las respuestas de miedo en el contexto seguro variaron según el uso de anticonceptivos. Las mujeres que tomaban la píldora mostraron reacciones de miedo más elevadas que aquellas que nunca la habían tomado, y este efecto persistió incluso en mujeres que habían interrumpido su uso hacía mucho tiempo.
No son suficientes estudios 65 años después de la píldora
Para medir el miedo, se utilizó un dispositivo de imagen por resonancia magnética (IRM) que registraba la actividad cerebral de los participantes durante el experimento. Los resultados revelaron una actividad interesante en el hipocampo, una región del cerebro crucial para la memoria y conocida por ser sensible a los efectos de las hormonas. “Observamos que esta región estaba más activada en las mujeres que nunca habían tomado la píldora en su vida. Como posible explicación, aunque aún debe explorarse, quizás esta mayor activación en las mujeres que no han tomado la píldora podría haber sido favorable”, indica Davignon.
Además, los participantes llevaban sensores en las palmas de las manos para medir la sudoración, un indicador de la activación del sistema nervioso. En el contexto seguro, las mujeres que habían dejado de tomar la píldora hacía mucho tiempo mostraron niveles de miedo tan altos como las que aún la estaban tomando.
El estudio involucró a 147 participantes divididos en cuatro grupos: mujeres que toman la píldora, mujeres que dejaron de usarla hace más de un año, mujeres que nunca la han tomado y hombres. Este tamaño de muestra se considera estándar para este tipo de investigación, teniendo en cuenta los estrictos requisitos de salud física y psicológica de los participantes, así como los costos asociados con la recopilación de datos.
Davignon considera que los resultados respaldan la necesidad de continuar investigando para comprender mejor los efectos de la anticoncepción hormonal en la salud mental. “Sabemos que las mujeres han sido históricamente poco estudiadas en comparación con los hombres. A mi parecer, es sorprendente que hayan pasado 65 años desde la comercialización de las primeras píldoras y que apenas ahora comencemos a darnos cuenta de que podría haber correlaciones con la salud mental”, lamenta. El siguiente paso sería realizar ensayos aleatorios controlados.
