Los chistes de papá, esos «cringe» que todos odiamos (pero no podemos evitar), podrían tener un propósito científico según nuevos estudios. Según una investigación publicada por The Washington Post, estos «dad jokes» —desde los más trillados hasta los más dolorosos— no solo buscan una risa forzada, sino que podrían estar diseñados para crear un vínculo emocional único entre padres e hijos, incluso cuando el público los rechaza.
Lo más curioso: no hace falta que la gente se ría. Un estudio citado por Newser revela que el verdadero objetivo de estos chistes es la conexión, no la hilaridad. «El humor de los padres funciona como un código privado entre generaciones», explica un comediante anónimo consultado por The Knoxville News Sentinel, donde se analiza cómo figuras como Jeff Foxworthy o Tim Hawkins han construido carreras basadas en este tipo de humor deliberadamente «malo». «La gente no se ríe, pero sabe que es un chiste de papá», añade.
¿Por qué los chistes de papá son tan universales (y tan odiados)?
La ciencia sugiere que estos chistes activan un mecanismo psicológico: la anticipación del rechazo. Según The Washington Post, el cerebro humano está programado para detectar patrones predecibles, y un chiste de papá —por más malo que sea— sigue una estructura reconocible: setup-punchline. «Es como un ritual», dice un psicólogo citado en el artículo. «El padre sabe que el hijo no se reirá, pero el simple hecho de intentarlo genera complicidad».
Mientras tanto, Newser destaca que el 68% de los adultos admite haber sufrido en silencio un chiste de papá en una reunión familiar, según una encuesta no citada en el texto. Pero aquí está el giro: el dolor compartido une. «Es una forma de humor inclusivo porque todos los hemos vivido», señala un comediante en The Knoxville News Sentinel. «No importa si es malo; lo que importa es que todos lo entendemos».
¿Cómo los comedianos profesionales usan (y abusan) de este estilo?
Figuras como Tim Hawkins o Jeff Foxworthy han convertido el «dad joke» en un arte. Según The Knoxville News Sentinel, estos comedianos exageran los clichés hasta llevarlos al límite del absurdo, sabiendo que el público los rechazará… pero los recordará. «El secreto está en romper las expectativas de lo que un chiste ‘debe’ ser», explica Hawkins en una entrevista. «La gente espera algo gracioso; en cambio, les das algo incómodo. Eso crea conversación».
El artículo menciona que Hawkins incluso tiene un podcast dedicado a analizar por qué estos chistes funcionan (o no). «La clave es la intención«, dice. «Si un padre cuenta un chiste malo porque quiere reírse, fracasa. Pero si lo hace para conectar, triunfa».
¿Existe un «chiste de papá» perfecto?
La respuesta, según los expertos, es no. Pero eso no impide que TAPinto Nutley y ABC7 Chicago hayan lanzado concursos anuales para encontrar el mejor (y peor) chiste de papá en fechas como el Día del Padre. En 2024, por ejemplo, ABC7 Chicago recibió más de 500 envíos de chistes, desde los clásicos («¿Qué hace un fantasma en el ascensor? ¡Boo-gear!») hasta los más creativos (y dolorosos). «El ganador no fue el más gracioso, sino el que generó más reacciones«, comenta un portavoz del canal.
Mientras, TAPinto Nutley invitó a los lectores a compartir sus peores experiencias con chistes de papá, revelando que el 42% de los participantes admitió haber fingido reírse en público. «Es un ritual social», señala el artículo. «Decir ‘¡Ja!’ aunque no te haya hecho gracia es parte del juego».
¿Por qué seguimos tolerando (o sufriendo) los chistes de papá?
La respuesta, según los estudios, radica en la nostalgia y el apego emocional. «Un chiste de papá es como un abrazo incómodo: sabes que no es perfecto, pero lo aceptas porque viene de alguien que te quiere«, explica un antropólogo citado por The Washington Post. Incluso cuando el público los rechaza, estos chistes sobreviven porque no buscan aprobación, sino reconocimiento.

En un mundo donde el humor se mide por «likes» y algoritmos, los chistes de papá son una rebelión contra la perfección. «Son la prueba de que el humor no necesita ser bueno para ser significativo«, concluye Newser. Y mientras los comedianos los perfeccionan, los padres seguirán contándolos… y los hijos seguirán fingiendo que se ríen.
