El crecimiento del mercado de alimentos funcionales ha despertado un mayor interés entre los pacientes por incorporar estos productos en sus rutinas de salud y bienestar. Sin embargo, expertos advierten sobre un preocupante fenómeno: mientras la demanda aumenta, la consulta con profesionales médicos —como los médicos— parece estar en declive, generando un vacío en la orientación especializada.
Esta desconexión entre el consumo informado y la asesoría profesional ha sido señalada como un riesgo, ya que los alimentos funcionales, aunque pueden aportar beneficios, no sustituyen un diagnóstico ni un tratamiento médico personalizado. La falta de acompañamiento experto podría llevar a malentendidos sobre su uso adecuado, dosis o interacciones con medicamentos.
Ante este escenario, se recomienda a la población mantener un equilibrio: informarse sobre las propiedades de estos productos, pero siempre bajo supervisión de un profesional de la salud. La automedicación o la suplementación sin control pueden tener consecuencias no deseadas, especialmente en grupos vulnerables como niños, embarazadas o personas con enfermedades crónicas.
