La rapsodia es un ‘canto cosido’: poemas épicos ensamblados en la antigua Grecia, aires populares y melodías entrelazadas, música libre que unía temas sin relación aparente en el Romanticismo. El músico húngaro Franz Liszt compuso unas célebres rapsodias. Patriota húngaro de origen alemán -en la Europa central, las identidades formaban un mosaico muy complejo-, Liszt quiso rendir homenaje a la música popular húngara con una veintena de rapsodias.
Húngara ha sido la música de esta semana.
La ciudad derrota al campo en Hungría. El voto urbano ha ganado las esperadas elecciones legislativas húngaras, en detrimento de un voto rural menos cohesionado que otras veces. Budapest, pero también las principales capitales de provincia, se han inclinado claramente por el candidato de la oposición en unas elecciones en las que han intervenido, poco o mucho, los principales poderes de este mundo. Han sido las elecciones más importantes del año 2026 en Europa.
La Comisión Europea quería que ganase Péter Magyar, líder de un joven partido llamado Tisza (Libertad y Respeto), partidario de un reencuentro de Hungría con la Unión Europea sin renunciar a una política conservadora. La presidencia de los Estados Unidos, la presidencia de la Federación Rusa y el gobierno de Israel apostaban fuertemente, sin disimularlo, por la continuidad de Víktor Orbán, al frente de Fidesz, antiguo partido liberal-conservador, transformado en ariete del populismo derechista. Orbán ha sido el inventor de la denominada ‘democracia iliberal’, una democracia con las reglas de competición muy trucadas en favour del partido en el poder.
