Una joven llamada Amber, que trabaja a tiempo parcial como camarera, experimentó su primera erupción cutánea mientras regresaba del trabajo. Según relató, la erupción se manifestó con bultos y enrojecimiento en todo el rostro, orejas, piernas y brazos, acompañada de picazón.
Inicialmente, Amber sospechó que la causa podría ser alimentaria, por lo que evitó comer en casa, pero la erupción reapareció. Ante la persistencia de los síntomas, consultó a su médico de cabecera, quien sugirió que su piel podría estar reaccionando a la contaminación ambiental, sin recetarle medicación alguna.
Debido a que Amber presentaba reacciones casi diarias, su madre, Dawn, se mostró muy preocupada. Dawn comenzó a pedirle a Amber que usara doble capa de ropa y temía por lo que pudiera ocurrir, ya que no tenían mucha información sobre la condición.
