Existe una creciente preocupación sobre la lentitud con la que las autoridades locales y estatales están respondiendo a la situación actual. La gestión de recursos se percibe como ineficiente y la preparación para los desafíos continuos es, en opinión de muchos, insuficiente.
La falta de agilidad en la respuesta y la aparente dificultad para optimizar los recursos disponibles generan inquietud ante la perspectiva de una escalada de la crisis. Se cuestiona si las medidas implementadas son adecuadas para afrontar los problemas que se avecinan.
