Riesgos de las apps de salud: por qué necesitan supervisión profesional

by Editora de Salud

Las apps de salud ganan terreno, pero no todos pueden seguirlas: expertos piden más apoyo

Cada vez más personas utilizan aplicaciones móviles para gestionar su salud, desde contadores de pasos y recordatorios de medicación hasta plataformas de fisioterapia y portales de pacientes de hospitales. Sin embargo, esta tendencia digital no llega por igual a toda la población, advierte la experta en salud pública Tessi Hengst en un análisis publicado este martes por De Telegraaf.

From Instagram — related to Tessi Hengst

Hengst, especialista en ciencias de la salud, señala que grupos con bajas competencias digitales, personas mayores o quienes carecen de dispositivos adecuados enfrentan un riesgo creciente de exclusión. «No todos pueden seguir el ritmo de esta revolución tecnológica, lo que puede limitar su acceso a servicios de salud y oportunidades preventivas», explica.

Las ‘apps’ y la salud, ¿información privada?

Entre las aplicaciones más comunes destacan:

  • Contadores de pasos y monitores de actividad física.
  • Recordatorios para tomar medicamentos.
  • Herramientas de seguimiento del sueño.
  • Apps de fisioterapia con ejercicios personalizados.
  • Portales de pacientes vinculados a hospitales y centros de salud.

Aunque estas herramientas prometen hacer la atención médica más eficiente y fomentar el autocuidado, Hengst subraya que su potencial solo se materializará si se garantiza su accesibilidad. «La tecnología puede mejorar la calidad de la atención y la salud de la población, pero sin medidas concretas, la brecha digital solo profundizará las desigualdades existentes», afirma.

Soluciones para cerrar la brecha

Para evitar que la digitalización de la salud deje atrás a ciertos grupos, la experta propone un enfoque multidimensional:

  • Diseño inclusivo: Desarrollar interfaces más intuitivas y adaptadas a usuarios con diferentes niveles de habilidad tecnológica.
  • Formación y acompañamiento: Ofrecer talleres o asistencia personalizada para quienes lo necesiten, especialmente en centros de salud y comunidades.
  • Modelos híbridos (blended care): Combinar herramientas digitales con atención presencial, asegurando que nadie quede excluido por falta de acceso a la tecnología.
  • Alternativas no digitales: Mantener opciones tradicionales (como citas telefónicas o en papel) para quienes no puedan o prefieran no usar apps.
  • Participación de los pacientes: Involucrar a los usuarios en el diseño de las aplicaciones para que respondan a sus necesidades reales.
  • Regulación clara: Establecer marcos legales que garanticen la equidad en el acceso a estas herramientas.
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Hengst insiste en que, sin estas medidas, la expansión de las apps de salud podría beneficiar solo a una parte de la población, mientras que otros grupos —como personas mayores, personas con discapacidad o quienes viven en zonas con conectividad limitada— quedarían en desventaja. «La tecnología debe ser un puente, no una barrera», concluye.

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Ejemplo de uso de una app de salud para el seguimiento de medicación (Fuente: De Telegraaf)

En Países Bajos, iniciativas como Mijn GezondheidsApp ya permiten a los pacientes gestionar su atención médica de forma segura, accediendo a su historial clínico o comunicándose con profesionales. Sin embargo, expertos recuerdan que la clave está en que estas plataformas sean accesibles para todos, independientemente de su edad, nivel educativo o recursos tecnológicos.

Mientras la digitalización avanza en el sector salud, el desafío sigue siendo evitar que la innovación profundice las desigualdades. Como señala Hengst: «La tecnología no es el fin, sino una herramienta para mejorar la salud de todos».

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