A los 79 años, el cineasta cubano Rolando Díaz se enfrenta a una pregunta recurrente: ¿dónde quedó su sentido del humor? Esa interrogante lo llevó a reflexionar sobre la transformación de su obra, desde la comedia de Los pájaros tirándole a la escopeta (1984) hasta el tono doloroso de Dossier de Ausencias (2020). La respuesta, según él, reside en su propia experiencia y en la historia de su generación.
Nacido en el humilde barrio de Luyanó, La Habana, en 1947, Díaz fue testigo de la Revolución cubana a los 11 años. “Alfabeticé, recogí café durante la crisis de octubre, cumplí el Servicio Militar –aunque con inconformidad– por más de tres años. Fui corresponsal de guerra en Angola, milité y creí, pero la desilusión fue más fuerte”, recuerda.
Su despertar intelectual llegó con la lectura de Pabellón de Cáncer, de Aleksandr Solzhenitsyn. “Comenzar a pensar desde la perspectiva individual me confrontó con hechos pasados, como el apoyo cubano a la invasión soviética de Checoslovaquia en 1968”, explica. Posteriormente, presenció el fracaso de la Zafra de los Diez Millones y el caso del poeta Heberto Padilla, “el punto culminante de las primeras manifestaciones de censura en el arte, que me abrieron los ojos cada vez más”, asegura.
Trabajando junto a Daniel Díaz Torres en el Noticiero ICAIC a mediados de los setenta, Díaz experimentó de primera mano la censura estatal. Su ruptura definitiva con el gobierno ocurrió cuando se censuró Alicia en el Pueblo de Maravillas, de Torres. Tras ese incidente, abandonó Cuba, residiendo por un tiempo en Estados Unidos, luego en España, República Dominicana y finalmente en Valencia, España. “En todos esos lugares rodé películas. Como dijo Neruda, ‘Confieso que he vivido’”.
Las pérdidas personales, especialmente la de su hermano, el escritor Jesús Díaz, y su esposa Ileana García, han marcado profundamente su cine. “A partir de entonces, mis películas son como el reflejo de un alma herida”. Su trayectoria lo ha llevado desde la dirección de comedias como Redonda y Viene en Caja Cuadrada o Melodrama, producidas por instituciones estatales, hasta su más reciente obra, Adiós Cuba, una cinta independiente que retrata el éxodo cubano más reciente.
Adiós Cuba, realizada con recursos limitados y financiada a través de crowdfunding, es un testimonio del exilio, filmado por un director que también ha experimentado la emigración y la nacionalización española. “La necesidad de hacer esta película surgió de forma impulsiva, ante la preocupación de ver cómo la isla se vacía”, confiesa. “Desde 1959, la gente ha emigrado de Cuba por diversas razones, pero este éxodo reciente es casi total. Siento que la isla podría desaparecer”.
Pregunta. En Adiós Cuba se percibe el peso de tantas historias de quienes han huido de la isla…
Respuesta. La selección de los entrevistados fue rápida. Tenía que filmar, y este tipo de cine exige inmediatez. Busqué testimonios de personas que salieron de Cuba por aire, mar y tierra, y encontré lo que necesitaba. Fue un proceso urgente y difícil unir esas historias reales a una trama de ficción. Pensé que crear un personaje ficticio, una dramaturga que escribiera una obra basada en esos testimonios, sería una forma ideal de contar la película. Al final, intenté que lo humano trascendiera lo político.
P. ¿Qué tan difícil es hacer cine con pocos recursos en un mundo saturado de imágenes y dispositivos de producción?
R. El avance tecnológico facilita la filmación, o al menos la realización de una película con un presupuesto limitado. Pero la falta de dinero se nota. Muchas personas trabajaron sin remuneración o con un pago mínimo. Casi todo el dinero disponible se destinó a aspectos técnicos, y con más fondos podríamos haber logrado un mejor resultado. Algunos miembros del equipo me piden que no hable de esto, porque hacer cine con pocos recursos no se ve bien, pero no puedo negar la realidad. Me molesta tener que mentir.
P. La emigración, tema central de Adiós Cuba, es también su propia experiencia. ¿Cómo ha condicionado el hecho de haber dejado su país el cine que realiza?
R. Emigrar es complicado. Tengo la nacionalidad española, pero soy cubano de corazón. Al llegar a España, no conocía todas las posibilidades que tenía a mi alcance. Uno se enfrenta a golpes duros, pero también recibe alegrías con temor. Poco después de llegar, mi documental El largo viaje de rústico fue nominado a los Premios Goya, y aunque era una coproducción con Cuba, en la gala se percibía como un documental español. Casi nadie sabía que yo era cubano. Me sentía extraño, porque mi acento desubicaba a la gente cada vez que hablaba. Luego estuve en la Berlinale con Si me comprendieras, una película que también es española, aunque sea absurdo. Es una historia cubana, rodada con mujeres cubanas en Cuba, pero como no podía tener la nacionalidad cubana, se gestionó su afiliación a la Compañía Luna Llena. Desde entonces, comprendí que mi cine estaría sujeto a una presión especial.
P. Ha afirmado que Los pájaros tirándole a la escopeta no es su mejor película, pero ha trascendido como una pieza fundamental del cine cubano. ¿Qué rescataría de ella hoy?
R. Es una película que me supera. Lo reconozco. Pero me ha traído muchas alegrías. Captura la espontaneidad con la que recreé el barrio y los personajes con los que conviví. También conté con un reparto excepcional. Hay actores y actrices cubanos extraordinarios, aunque lamentablemente no tengamos las condiciones para producir mejor.
P. Adiós Cuba no ha sido seleccionada por ningún festival de cine en España. ¿Cuál cree que es la razón?
R. Me desconcierta. Los festivales tienen la potestad de decidir qué películas seleccionan, y sé lo difícil que es. También creo que el tema cubano no está de moda, aunque en otros momentos los cineastas cubanos hemos tenido más oportunidades. Además, el hecho de que sea una película totalmente independiente, fuera del circuito habitual, puede haber influido.
P. ¿Cuál es, para usted, el valor de Adiós Cuba?
R. Creo y espero que perdure en el tiempo. Es el adiós que muchos nos hemos visto obligados a protagonizar. Estoy seguro de que somos más de tres millones los cubanos que hemos abandonado el país por diversas razones. Es una cifra demasiado alta. La película tiene un valor en sí misma, y mi deseo es que la vean la mayor cantidad de cubanos posible, incluso dentro de la isla.
P. ¿Ha podido decir adiós a Cuba?
R. No. Por eso, paradójicamente, hice una película. Para convencerme de que ya no tengo nada más que hacer con respecto a Cuba, más allá de esta película. No me considero nacionalista; creo que los nacionalismos en política suelen ser conservadores. Hablo de Cuba a través de sentimientos, no de una idea estrecha de nación. El sentimiento de dejar atrás para siempre lo que ha sido tu vida es frustrante. Emigrar implica abandonar muchas cosas, no solo la política, sino los olores, los recuerdos, el amor de tu madre… infinitas cosas que conforman tu esencia.
P. Ha mencionado que aún le falta una comedia por hacer. ¿Por qué cerrar su ciclo vital con este género?
R. La situación actual es tan dramática que, por contraste, reírse es una excelente opción. Amo la comedia. Incluso pensé en hacer Adiós Cuba como una comedia. La comedia está dentro de mí, a pesar de todos mis sufrimientos. Pero, salvo en una escena teatral aislada, me tomé la película en serio. Quizás por eso, y porque tengo una comedia en el bolsillo desde hace un par de años, no decido cerrar las puertas del cine por completo.
