Rosalía inauguró este viernes su esperada residencia de cuatro conciertos en el Movistar Arena con el Lux Tour 2026, un espectáculo monumental e impactante centrado en su aclamado álbum Lux que combina música clásica, electrónica y una marcada estética teatral ante un repleto recinto en Santiago.
La llegada de la estrella española a la capital chilena desató una auténtica fiebre entre sus seguidores. Con velos blancos, abanicos, rosarios e imaginería mariana inspirada en el universo de su más reciente disco lanzado en 2025, los asistentes llenaron los alrededores de la estación Parque O’Higgins y las tribunas del Movistar Arena para presenciar el primero de los cuatro shows programados en el país, según detalló la prensa local.
El impacto de la artista barcelonesa en territorio chileno responde a cifras sólidas. Los datos de la plataforma Spotify la ubican como el octavo país del mundo que más la escucha, consolidándose además como el cuarto mercado con mayor intensidad de escucha por usuario a nivel global. Desde el estreno de su álbum, la región acumula más de 43 millones de reproducciones, mientras que Santiago se posiciona como la tercera ciudad del planeta con mayor visualización de su contenido en YouTube, únicamente por detrás de Ciudad de México y Buenos Aires.
Una obertura sinfónica y del ballet al techno en el Movistar Arena
La previa del espectáculo mantuvo el espíritu ecléctico del disco, intercalando piezas clásicas de Beethoven y Grieg con dramáticas grabaciones de flamenco. El número de apertura estuvo a cargo de la pianista chilena Amanda Naranjo, artista formada en la Universidad Católica, quien fue recibida con atención y despedida entre aplausos por los asistentes que ingresaron tras la apertura de puertas fijada por la productora DG Medios.

Tras una breve espera, el concierto arrancó con el sonido de cuerdas de una orquesta en vivo dirigida por la cubana Yudania Gómez Heredia. La escenografía reveló a la artista emergiendo desde el interior de una estructura que simulaba una caja de música, adoptando la postura de una bailarina clásica.
De la intensidad lírica al confesionario con Francisca Valenzuela
Dividido en cuatro movimientos conceptuales inspirados en la música clásica, el espectáculo alternó momentos de profunda solemnidad con pasajes de alta energía bailable. Tras interpretar piezas de aire sacro como Mio Cristo piange diamanti
—un momento de gran dramatismo que dejó a la intérprete visiblemente conmovida—, el show mutó de golpe hacia una atmósfera de club nocturno.

La sección rítmica incorporó fragmentos de su anterior era discográfica, encendiendo las tribunas con el beat de Saoko
, la bachata de La Fama
y La combi Versace
, además de rescatar la pieza De madrugá
. El tercer bloque del concierto introdujo elementos teatrales e interactivos, destacando una versión orquestada del clásico Can’t Take My Eyes Off You
mientras la artista posaba dentro de un marco como una obra de arte viviente flanqueada por bailarines que simulaban ser turistas.
Claves de una visita marcada por la gastronomía y cuatro fechas en Santiago
Antes de subir a escena en el recinto del Parque O’Higgins, la presencia de la compositora española en Santiago no pasó desapercibida. Durante su estancia previa en la capital, visitó el restaurante japonés Naoki ubicado en la comuna de Vitacura, donde degustó preparaciones como el Nasu Dengaku y el Usuzukuri de ostiones con trufa negra fresca, según compartió el propio local a través de sus redes sociales.
El despliegue en el Movistar Arena continuará con los conciertos restantes programados para el 25, 27 y 29 de julio. Con un cierre surrealista que incluyó la vibración electrónica de CUUUUuuuuuute
, una estructura suspendida a modo de incensario y los éxitos globales Bizcochito
y Despechá
, la primera jornada se consolidó de inmediato entre las producciones en vivo más sofisticadas y comentadas de la temporada musical en el país.
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