La comediante Rosie Jones, conocida por sus apariciones en programas como The News Quiz y 8 Out of 10 Cats, ha expresado su hartazgo por los “hombres blancos, heterosexuales y privilegiados” que hacen “bromas inapropiadas” sobre la comunidad trans. En una entrevista con la revista LGBTQIA+ Attitude, Jones se quejó de figuras como Ricky Gervais y Jimmy Carr, instándolos a “callarse la boca, con todo respeto”.
Esta declaración ha generado debate sobre los límites del humor y quién tiene derecho a hacer bromas sobre qué. Jones, en la misma entrevista, ofrece una guía sobre “cómo contar un chiste de manera responsable”, una idea que, según algunos, suena más a advertencia en una botella de alcohol: “Bromea con responsabilidad. Ríe con moderación. El Director Médico recomienda no exceder las 14 sonrisas a la semana. Recuerda: el humor puede matar”.
Según Jones, antes de contar un chiste, es crucial analizarlo en tres aspectos. El primero es: ¿quién eres tú? ¿Tienes experiencia personal o cercana al tema del chiste?
Esto implicaría, según la lógica de Jones, que comediantes como Gervais y Carr no deberían hacer bromas sobre mujeres trans, ya que no tienen la “experiencia vivida” de serlo. Sin embargo, se plantea la pregunta de si su experiencia como hombres no podría ser relevante, y si esta regla implica que solo se pueden burlar de Donald Trump aquellos que hayan sido presidentes de Estados Unidos.
La segunda pregunta que Jones propone es: ¿cuál es tu intención? ¿Es positiva o negativa? ¿Estás “golpeando hacia arriba”, es decir, burlándote de personas más privilegiadas, o “golpeando hacia abajo”, ridiculizando a quienes tienen menos privilegios? Esta última distinción ha sido objeto de críticas, ya que algunos señalan la tendencia de ciertos comediantes de izquierda a burlarse de votantes de Brexit o de Donald Trump.
Finalmente, Jones pregunta: ¿por qué estás contando el chiste? ¿Para abrir una conversación y hacer pensar a la gente, o simplemente para ser controversial? Esta perspectiva contrasta con la motivación tradicional de los comediantes, que, según algunos, es simplemente hacer reír. Recordando a Bob Monkhouse, quien una vez bromeó sobre su deseo de morir pacíficamente como su padre, pero no como sus pasajeros, se cuestiona si su intención era iniciar un debate sobre la seguridad vial o simplemente provocar una risa.
En palabras del propio Monkhouse, una frase que podría resonar con los comediantes modernos: “La gente se rió cuando dije que quería ser comediante. Bueno, ahora ya no se ríen”.
Un truco para el público
Tras una disputa diplomática sobre Taiwán, Japón se ve obligado a devolver los pandas que China le había prestado. Para evitar la decepción de los visitantes, un zoológico japonés ha tenido una idea ingeniosa: ha vestido a sus cuidadores con disfraces de panda, los ha colocado en un recinto y ha invitado a los visitantes a alimentarlos.
No está claro cómo reaccionarán los visitantes, pero la noticia seguramente complacerá a PETA, el grupo de derechos de los animales que ha afirmado que beber leche de vaca es un símbolo de supremacía blanca y ha instado a las mujeres a emprender una “huelga de sexo” contra los hombres que comen carne. PETA ha denunciado durante mucho tiempo a los zoológicos como “establecimientos inhumanos que se benefician de la explotación de los animales”. Por lo tanto, si los zoológicos están reemplazando a los pandas con humanos, esto seguramente representa un paso adelante.
Personalmente, creo que la solución perfecta sería liberar a todos los animales del zoológico y reemplazarlos con activistas de PETA. Los visitantes podrían alimentarlos arrojando trozos de Quorn a través de las barras de sus jaulas.
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