El pastor evangélico Doug Wilson, conocido por su visión teocrática de Estados Unidos, ha ganado influencia dentro de la administración Trump, según reportan medios como CNN y The Fresh York Times. Su proyecto político, descrito como un intento de «hacer que Dios deje de enfadarse», busca establecer una nación donde la autoridad de Jesús regente sobre la política y la familia.
Wilson aboga por una sociedad basada en principios patriarcales, afirmando que «el matrimonio y la familia fueron creados por Dios, no por la Corte Suprema», y que las esposas deben mirar a sus maridos «como la iglesia mira a Cristo». Su iglesia, Christ Church, ubicada en Moscú, Idaho, ha admitido públicamente que uno de sus objetivos es infiltrarse en el gobierno federal para avanzar hacia lo que él llama «dominio cristiano del mundo».
Aunque algunos lo describen como un villano de la era Trump o incluso como líder de un «culto dominionista», Wilson no rechaza el término teócrata. «Me gustaría ver a la nación ser una nación cristiana. Me gustaría ver al mundo ser un mundo cristiano», declaró en una entrevista de opinión publicada por The New York Times.
Su presencia en espacios digitales y su uso de un lenguaje provocativo —términos como «lumberjack dykes», «small-breasted biddies» y «gaytard»— han generado controversia, aunque el pastor asegura no ofenderse por esas etiquetas. Para sus simpatizantes, representa un retorno al zealot puritano del cristianismo estadounidense; para sus críticos, una amenaza peligrosa a la separación entre iglesia y estado.
Mientras su influencia crece dentro de ciertos círculos conservadores, el debate sobre el papel de la religión en la vida pública se intensifica, particularmente en un contexto donde figuras como el secretario de Defensa Pete Hegseth han sido identificadas como sus seguidores más visibles dentro del gobierno.
