Por Alimat Aliyeva
Científicos de la Universidad de Stanford han creado el primer mapa global de terremotos que ocurren no en la corteza terrestre, sino en las capas más profundas del manto del planeta. Los resultados, publicados en la revista Science, abren nuevas vías para el estudio de los procesos internos de la Tierra, desde el movimiento de las placas tectónicas hasta los orígenes de los terremotos destructivos generalizados, según informa Azernews.
La mayoría de los terremotos se registran en la corteza terrestre, típicamente a profundidades de entre 10 y 30 kilómetros. El manto, por el contrario, es una capa más cálida y dúctil, que tradicionalmente se consideraba desfavorable para la acumulación de las tensiones necesarias para las rupturas sísmicas. Sin embargo, los datos recopilados en las últimas décadas demuestran que, aunque raros, los terremotos sí ocurren en el manto.
Mediante el análisis de datos sísmicos de todo el mundo, los investigadores identificaron 459 “terremotos del manto continental” que han ocurrido desde 1990. Estos eventos están distribuidos de forma desigual, con las concentraciones más densas en el Himalaya, a lo largo del Estrecho de Bering y en otras regiones tectónicamente activas.
Es importante destacar que estos terremotos se producen bajo los continentes, no en las zonas de subducción donde las placas oceánicas se sumergen profundamente en el manto, lugares donde se han documentado desde hace tiempo temblores profundos. En algunos casos, las fuentes de estos eventos se localizaron a profundidades superiores a 80 kilómetros por debajo del límite de Mohorovičić (comúnmente conocido como “Moho”), la zona de transición entre la corteza y el manto.
El avance clave del estudio radica en un nuevo método para analizar las ondas sísmicas. Los científicos compararon dos tipos de vibraciones: una que viaja a través de la corteza y otra a través del manto superior. Al examinar la relación entre estas señales, pudieron determinar con precisión la profundidad de la fuente del terremoto. Según los autores, este método cambia fundamentalmente la forma en que se estudian los terremotos profundos, permitiendo identificarlos por la “firma” de las ondas mismas, en lugar de indicadores indirectos.
Los terremotos del manto se producen a tal profundidad que no representan una amenaza directa para las personas o la infraestructura. No obstante, su importancia es profunda. Estos terremotos profundos proporcionan una ventana única a los procesos que ocurren en la frontera entre la corteza y el manto, y en el manto superior, donde se forma el magma y se generan las fuerzas tectónicas.
Los investigadores sugieren que algunos terremotos del manto pueden ser respuestas a fuertes fluctuaciones en la corteza, mientras que otros pueden ser impulsados por la convección interna del manto, incluyendo el reciclaje de placas corticales en subducción. Comprender estos procesos podría mejorar nuestra capacidad para predecir dónde pueden ocurrir los terremotos superficiales y refinar los modelos de la estructura interna de la Tierra.
El mapa recién creado se considera conservador. Los científicos creen que el número real de terremotos del manto es mucho mayor, especialmente en regiones remotas con redes de monitoreo escasas, como el Altiplano Tibetano. La expansión del monitoreo sísmico y la aplicación de métodos analíticos avanzados probablemente revelarán muchos más eventos profundos en los próximos años.
Según los autores del estudio, los terremotos en la corteza y el manto deben considerarse como partes de un sistema interconectado, donde los procesos profundos y superficiales están estrechamente relacionados. Comprender esta relación es un paso clave hacia evaluaciones más precisas de los riesgos naturales y una comprensión más profunda de la Tierra dinámica que se encuentra bajo nuestros pies.
