El primer ministro británico, Keir Starmer, se enfrenta a una creciente crisis interna en el Partido Laborista tras la dimisión de cuatro de sus ministros. A pesar de la presión y de que algunos de los renunciantes han pedido su salida, Starmer ha asegurado que no abandonará su cargo y que tiene la intención de luchar por mantener el liderazgo.
Ola de renuncias en el gabinete
Las dimisiones afectan a figuras clave del gobierno. Entre los ministros que han dejado sus cargos se encuentran Miatta Fahnbulleh, ministra de Descentralización, Fe y Comunidades —quien solicitó explícitamente la renuncia de Starmer—, Jess Phillips, ministra de Salvaguardia, Alex Davies-Jones, ministra de Víctimas, y Zubir Ahmed, ministro de Salud.

Esta inestabilidad surge en un momento crítico para el primer ministro, quien ha estado bajo una fuerte presión tras el desempeño «desastroso» de su partido en las elecciones celebradas la semana pasada.
La rebelión interna y las reglas del partido
La crisis no se limita al gabinete. Actualmente, más de 70 de los 403 parlamentarios laboristas han exigido que Starmer dimita o que, al menos, defina un cronograma para su partida. No obstante, el camino hacia un cambio de liderazgo no es sencillo: según las normativas del Partido Laborista, cualquier candidato que desee desafiar la jefatura del partido requiere el apoyo del 20% de los legisladores, lo que equivale a un mínimo de 81 firmas.
A pesar de este clima de tensión, Pat McFadden, secretario de Trabajo y Pensiones, afirmó que durante la reunión del gabinete celebrada esta mañana, ningún miembro cuestionó a Starmer ni sugirió que debía dejar el cargo.
Reacciones internacionales
La inestabilidad política en Downing Street ha llamado la atención de Washington. Warren Stephens, embajador de Estados Unidos en Londres, señaló que la «rotación frecuente» de primeros ministros representa un problema para Estados Unidos a la hora de construir relaciones personales sólidas.
Sin embargo, Stephens matizó que esto no necesariamente dificulta la relación diplomática general, ya que considera que las políticas gubernamentales no suelen cambiar drásticamente mientras el mismo partido permanezca en el poder.
