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Trump redefine dieta EEUU: ¿Salud o contradicción migratoria?

by Editor de Mundo

La Administración de Donald Trump busca modificar los hábitos alimenticios de los estadounidenses, considerando que más del 70% de la población adulta tiene sobrepeso y que “América está enferma”. Así lo anunció el Departamento de Salud (HHS) el pasado 7 de enero, al lanzar las nuevas Guías Alimentarias para los Estadounidenses, basadas en las recomendaciones del movimiento Make America Healthy Again (MAHA), o “Hacer a América Saludable De Nuevo”, que promueven el consumo de alimentos frescos por encima de los procesados, muy presentes en la dieta de millones de ciudadanos.

Las nuevas directrices, disponibles en realfood.gov, priorizan el consumo de proteínas, incluyendo carne roja y leche entera, lo que representa un triunfo para las industrias cárnica y láctea, pero una derrota para quienes denuncian el impacto ambiental de este sector. La iniciativa, además de la controversia generada por el impulso a alimentos que durante décadas han sido desaconsejados por los médicos, enfrenta un obstáculo: las políticas antiinmigrantes de la Administración han provocado una escasez de mano de obra en los sectores agrícola y ganadero.

Los empresarios del sector, beneficiados por la nueva pirámide alimentaria, señalan que las recomendaciones evidencian una contradicción en la política nacional: mientras se incentiva a los consumidores a optar por alimentos más frescos y nutritivos, las granjas y el campo se enfrentan a una falta de trabajadores que amenaza su capacidad para satisfacer esta demanda. Esta disparidad entre oferta y demanda podría, además, elevar los precios de los alimentos para las familias estadounidenses.

“Las nuevas directrices dietéticas reconocen la importancia de los alimentos nutritivos cultivados en Estados Unidos, pero ignoran una realidad fundamental: no podemos llevar alimentos de verdad a las mesas de los estadounidenses sin personas que trabajen en nuestras granjas”, declaró Rebecca Shi, directora ejecutiva de la Coalición Estadounidense de Inmigración Empresarial (ABIC), una organización bipartidista que agrupa a más de 1.700 directores ejecutivos, propietarios de empresas y asociaciones comerciales en 17 estados del país.

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Agricultores y ganaderos se han visto afectados por las detenciones y deportaciones ordenadas por un Gobierno enfocado en lograr “la mayor deportación de la historia”. Para ello, agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) han allanado campos, granjas y fábricas en busca de trabajadores indocumentados, aumentando la lista de expulsados. Estos sectores dependen de la mano de obra migrante, ya que se trata de empleos poco atractivos para los ciudadanos estadounidenses.

“Dependemos en gran medida de la mano de obra inmigrante. Esto se debe a varias razones. La ubicación rural de estas instalaciones no resulta atractiva para algunos posibles trabajadores y trabajar con animales no es para todo el mundo”, explicó a EL PAÍS Matt Teagarden, director ejecutivo de la Asociación de Ganaderos de Kansas. Muchos de estos trabajadores llevan décadas laborando sin la documentación adecuada, con familias en las que hasta tres generaciones se dedican a esta actividad. Teagarden señaló que las vacas necesitan ser alimentadas y ordeñadas los 365 días del año, en un trabajo que no se limita a una jornada laboral de ocho horas, cinco días a la semana.

Los empresarios han expresado su preocupación durante meses por las consecuencias de las redadas del ICE en sus negocios. Además de las bajas laborales provocadas por las detenciones y deportaciones, muchos empleados han dejado de trabajar por temor a ser interceptados por las autoridades. “Podemos importar trabajadores para la agricultura y la ganadería o podemos importar nuestros alimentos. La situación es extrema”, afirmaron.

Teagarden formó parte de una delegación de más de 100 empresarios del sector agrícola que visitó el Capitolio en noviembre pasado para informar a los legisladores sobre la crisis generada por las operaciones contra los inmigrantes y solicitar una reforma que permita la regularización de los trabajadores indocumentados. “Si bien los alimentos importados complementan nuestra producción nacional, considero que es importante, desde el punto de vista de la seguridad alimentaria y la actividad económica, producir una cantidad significativa de nuestros alimentos en el país. Esto no será posible sin una fuerza laboral adecuada, y los inmigrantes han demostrado a lo largo de los años ser una parte fundamental de esta”, subrayó Teagarden.

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Según datos de ABIC presentados el año pasado, hay ocho millones de puestos de trabajo vacantes en todo el país, lo que también afecta a los precios de los productos. La escasez de mano de obra se extiende a las plantas procesadoras de carne. “Estas plantas dependen en gran medida de la mano de obra inmigrante. Necesitan operar de forma continua y a plena capacidad para transformar el ganado en los cortes de carne que consumen los estadounidenses”, señaló el empresario.

Entre las propuestas presentadas en Washington se encuentra la ampliación de las visas H2A, destinadas a trabajos agrícolas estacionales, y la posibilidad de extender su uso a los ganaderos durante todo el año. La delegación empresarial aseguró que sus peticiones fueron bien recibidas por los funcionarios de la capital estadounidense.

Por el momento, la influencia del sector se ha hecho evidente en el anuncio de las nuevas guías. “Por fin, estamos reorientando nuestro sistema alimentario para apoyar a los agricultores, ganaderos y empresas estadounidenses que cultivan y producen alimentos de verdad”, declaró el secretario de Salud, Robert F. Kennedy. “Estas directrices nos devuelven a lo esencial. Las familias estadounidenses deben priorizar los alimentos integrales y ricos en nutrientes —proteínas, lácteos, verduras, frutas, grasas saludables y cereales integrales— y reducir drásticamente el consumo de alimentos altamente procesados. Así es como lograremos que Estados Unidos vuelva a ser un país sano”.

La tarea se antoja complicada sin un cambio en las políticas migratorias de la Administración Trump. “Cada año resulta más difícil encontrar suficientes trabajadores cualificados y comprometidos para mantener nuestras granjas en funcionamiento y cuidar de nuestras vacas. Si no reformamos nuestro sistema de inmigración, garantizamos nuestra fuerza laboral y combatimos la escasez de mano de obra, simplemente no podremos satisfacer la demanda ni gestionar nuestros rebaños y nuestras tierras agrícolas productivas. Necesitamos medidas urgentes para poder seguir ofreciendo alimentos frescos y saludables a las mesas de los estadounidenses”, afirmó Jenni Tilton Flood, de Flood Brothers Farms en Maine.

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