La propuesta del gobierno sobre requisitos de buena conducta más estrictos no se centra en la seguridad, sino en la sospecha. En el miedo. En comunicar a las personas que nunca podrán confiar plenamente en la sociedad. Y esa no es la clase de sociedad en la que queremos vivir.
Los requisitos de buena conducta siembran desconfianza
Este requisito de buena conducta se dirige únicamente a personas de otros países, creando una división entre ciudadanos de primera y segunda clase. Separa familias, genera desconfianza y socava la integración y la cohesión social que sustentan una sociedad fuerte. Cuando a ciertos grupos se les percibe constantemente como “riesgos”, aumenta la exclusión y los niños y jóvenes crecen con la sensación de no pertenecer del todo.
El concepto de “buena conducta” es vago. El informe menciona “hechos objetivamente constatables” sin definir a qué se refiere. Esto conduce a decisiones arbitrarias, donde las autoridades pueden interpretar las normas a su antojo. No hay tribunales, no hay requisitos de prueba, solo amenazas e incertidumbre.
La amenaza es real. Sus palabras pueden ser utilizadas en su contra. Sus errores pueden ser utilizados en su contra. El consumo nocivo o la adicción en el pasado pueden ser motivos para denegar el permiso de residencia. Esto es estigmatizante, contraproducente e inhumano. Todas las personas pueden cambiar. Todos tienen derecho a una segunda oportunidad, especialmente los niños y jóvenes.
La igualdad aumenta la confianza
Las propuestas que separan familias o crean incertidumbre sobre la seguridad de los niños violan la Convención sobre los Derechos del Niño y el principio del interés superior del niño. Ninguna ley debería anteponer los errores de los adultos a las necesidades de seguridad, cercanía y estabilidad de los niños.
La investigación demuestra que las sociedades con grandes desigualdades de ingresos y de clase corren un mayor riesgo de violencia y delincuencia. Cuando las personas se sienten marginadas, aumenta la desconfianza entre ellas y hacia las autoridades. Por el contrario, las sociedades que invierten en igualdad, inclusión y participación social –con empleo, vivienda, educación y apoyo– son más seguras y estables.
Ninguna ley debería anteponer los errores de los adultos a las necesidades de seguridad, cercanía y estabilidad de los niños.
Los estudios también muestran que las sociedades igualitarias tienen una mayor confianza entre las personas, menos delincuencia y estructuras de seguridad más sostenibles. En nuestro programa intercultural, trabajamos activamente en la inclusión, brindando a las personas apoyo, empleo y educación. Nuestro programa de política criminal se basa en intervenciones preventivas y atención y apoyo en casos de consumo nocivo y adicción –en lugar de amenazas– para crear seguridad, participación e integración a largo plazo.
La seguridad no se construye con el control
Las medidas represivas aumentan el miedo, no la seguridad. La seguridad se construye con apoyo, confianza y participación, no con amenazas y control. Por lo tanto, exigimos lo siguiente:
- Retirar el requisito de buena conducta
El miedo no es seguridad. Todos deben ser tratados con justicia y tener la oportunidad de cambiar. - Fortalecer el apoyo social y el trabajo preventivo
Los municipios necesitan recursos para niños, jóvenes y familias. El trabajo preventivo contra la delincuencia, el consumo nocivo y la marginación es más eficaz que el castigo y fortalece la integración, que es lo que promovemos en nuestro programa intercultural. - Proteger la libertad de expresión
Nadie debe arriesgar su permiso de residencia por lo que dice o escribe. - Priorizar el interés superior del niño
Ningún niño debe ser separado de su familia. Las leyes siempre deben basarse en la seguridad y el futuro del niño. - Invertir en apoyo, no en amenazas
La atención y el apoyo en casos de consumo nocivo y adicción, el apoyo a la vivienda, las escuelas, el empleo y la integración crean una seguridad real. Las amenazas solo generan miedo y exclusión. - Todos deben tener los mismos derechos
Todas las personas que viven en Suecia deben tener los mismos derechos y oportunidades, independientemente de su origen, errores pasados o problemas de adicción. - Construir confianza y comunidad
La seguridad crece en una sociedad donde las personas pueden participar, contribuir y sentirse como en casa. Las amenazas, el control y las amenazas de castigo destruyen la comunidad.
Una sociedad construida sobre la amenaza genera miedo. Una sociedad construida sobre el apoyo genera seguridad. Estamos unidos en esto: por el debido proceso, por las familias, por los niños y por una Suecia que cree en las personas, no en las sospechas.
