Un nuevo estudio sugiere que los alimentos ultraprocesados, al igual que el tabaco, están diseñados para estimular el sistema de recompensa, fomentar el consumo compulsivo e incluso generar adicción, por lo que deberían ser regulados de manera similar.
Investigadores de las universidades de Harvard, Duke y Michigan compararon las similitudes entre el tabaco y los alimentos ultraprocesados (AUP) en cuanto a su diseño, comercialización y distribución, publicando sus hallazgos en la revista Milbank Quarterly.
Argumentan que estos productos no solo deben evaluarse desde una perspectiva nutricional, sino también como sustancias adictivas, diseñadas industrialmente.
“Algunos alimentos ultraprocesados han cruzado una línea”, afirmó Ashley Gearhardt, autora del estudio y profesora de psicología en la Universidad de Michigan.
Gearhardt añadió que productos como refrescos, dulces y comida rápida están diseñados menos como alimentos y más como cigarrillos, optimizados para generar antojos, un consumo rápido y un uso repetido.
“Ese nivel de daño exige una acción regulatoria dirigida al diseño y la comercialización por parte de la industria, no a la fuerza de voluntad individual”, agregó.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que las dietas ricas en AUP están aumentando a nivel mundial y se asocian con un mayor riesgo de diversas enfermedades relacionadas con la alimentación y otros problemas de salud.
Los AUP se asocian con riesgos de enfermedades cardíacas, cáncer, enfermedades metabólicas, diabetes y obesidad, según indica este informe.
Ejemplos comunes incluyen comidas preparadas para supermercado, pizzas congeladas, cereales de desayuno azucarados, galletas, salchichas, helados, nuggets de pollo, palitos de pescado y fideos instantáneos.
Cómo se diseñan los alimentos como los cigarrillos
Según su análisis, los investigadores señalan que muchos AUP comparten más características con los cigarrillos que con las frutas o verduras mínimamente procesadas, y por lo tanto, justifican una regulación que refleje los riesgos para la salud pública que representan.
La historia de la regulación del tabaco, según explican, ofrece un paralelismo convincente para comprender los AUP.
“Estos productos no son simplemente alimentos modificados, sino que están cuidadosamente diseñados para maximizar el impacto hedónico, el consumo y la rentabilidad a través del procesamiento industrial”, escribieron los investigadores.
Tanto el tabaco como los AUP, señalan, comparten una historia de origen común: ambos comienzan como sustancias naturales de base vegetal que demuestran poco potencial adictivo en sus formas no procesadas, pero luego se rediseñan industrialmente para aumentar la accesibilidad y maximizar las ganancias.
Al igual que con el tabaco, los alimentos que impulsan las epidemias modernas de obesidad, diabetes y enfermedades metabólicas no son inherentemente dañinos en su forma natural, argumentan los investigadores.
Reconocer el papel de la industria, afirman, debería cambiar la conversación del reproche individual a la responsabilidad corporativa.
¿Cuál es la solución?
Las dietas ultraprocesadas son una preocupación creciente entre los expertos en salud pública.
En Estados Unidos, más de la mitad de las calorías diarias promedio de una persona provienen de AUP, mientras que en el Reino Unido, representan casi dos tercios de la ingesta calórica de los adolescentes.
El estudio aboga por políticas similares a las dirigidas al tabaco y otras sustancias nocivas, incluyendo impuestos a los alimentos ultraprocesados con bajo valor nutricional, restricciones a la publicidad (especialmente dirigida a niños) y la reducción de la disponibilidad en hospitales y escuelas.
De manera similar al tabaco, los autores piden un etiquetado claro de los productos, advirtiendo que afirmaciones como “bajo en grasas” o “alto en proteínas” a menudo disfrazan productos altamente procesados, haciéndolos parecer más saludables de lo que son.
