A nivel nacional, la respuesta europea fue menos unificada. En una declaración conjunta, Francia, Alemania y el Reino Unido enfatizaron que “no participaron en estos ataques” perpetrados por Estados Unidos e Israel, al tiempo que condenaban las contraofensivas iraníes y urgían a Teherán a buscar una “solución negociada”.
El Primer Ministro británico, Keir Starmer, imitó ese equilibrio, afirmando que el Reino Unido “no tuvo ningún papel” en los ataques, al tiempo que condenaba el “abominable” régimen iraní y señalaba que el “objetivo principal” de Washington era impedir que Teherán obtuviera armas nucleares. Starmer añadió que aviones británicos ya estaban en el aire como parte de operaciones regionales de defensa coordinadas.
En otras partes de Europa, el Primer Ministro español, Pedro Sánchez, condenó la operación estadounidense-israelí como una “acción militar unilateral” que corre el riesgo de crear un orden global más hostil. Por su parte, el Primer Ministro checo, Andrej Babiš, adoptó una postura contraria, afirmando que Praga “está junto a sus aliados” y advirtiendo que las ambiciones nucleares de Irán y su “apoyo al terrorismo” representan una amenaza para Europa.
Los líderes nórdicos y de Europa del Este adoptaron una línea más centrada en la seguridad. El Primer Ministro sueco advirtió sobre una “grave escalada” y subrayó que es del interés de Europa que Teherán “nunca sea capaz de desarrollar armas nucleares”, al tiempo que instaba a la moderación y al respeto del derecho internacional. El Primer Ministro polaco, Donald Tusk, declaró que Varsovia estaba monitoreando la situación de cerca y preparándose para “diversos escenarios”, añadiendo que los ciudadanos polacos, incluido el personal de la embajada en Teherán, seguían seguros.
El Presidente ucraniano, Volodymyr Zelenskyy, se alineó más estrechamente con Washington, elogiando la determinación estadounidense y argumentando que “cada vez que hay determinación estadounidense, los criminales globales se debilitan”, un mensaje contundente que, según dijo, debería resonar en Moscú.
Críticas desde Washington
La postura europea, particularmente la de Francia, Alemania y Gran Bretaña, provocó una dura respuesta del senador estadounidense Lindsey Graham, un estrecho aliado del presidente estadounidense Donald Trump, lo que subraya las tensiones geopolíticas que ahora se extienden por el Atlántico.
