Un asteroide de tamaño similar al de un ser humano impactó contra la atmósfera terrestre el pasado lunes 15 de mayo de 2026, sobre el mar de Arafura, ubicado entre Australia y Papúa Nueva Guinea. Según datos del Center for Near-Earth Object Studies (CNEOS) de la NASA, el objeto, designado como 2026 JN4, fue detectado horas antes de su entrada en la atmósfera por sistemas de monitoreo como el de la Agencia Espacial Europea (ESA) y el Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA.
El asteroide, que medía entre 0.63 y 1.4 metros de diámetro —aproximadamente el tamaño de un adulto—, ingresó a la atmósfera terrestre a las 13:44 UTC (hora universal coordinada). Su trayectoria lo llevó a desintegrarse a gran altitud sobre el mar de Arafura, sin representar riesgo para la población. Este tipo de objetos, conocidos como impactadores, suelen desintegrarse por completo al entrar en contacto con la atmósfera debido a las altas temperaturas generadas por la fricción.
El CNEOS confirmó que el asteroide se acercó a una distancia de solo 2,045 kilómetros (1,270 millas) del centro de la Tierra, dentro del radio medio del planeta (6,370 km o 3,960 millas). Este evento marca el décimo impacto predicho de un asteroide en la Tierra en 2026, y el primero desde el 3 de diciembre de 2024.
Las primeras observaciones del objeto se realizaron gracias al Zwicky Transient Facility en el observatorio de Palomar (California, EE.UU.), que detectó su presencia a las 08:08 UTC del mismo día, cinco horas y media antes del impacto. Posteriormente, el Minor Planet Center (MPC) registró su observación inicial mediante el telescopio robótico JPL SynTrack en California a las 10:21 UTC, tres horas y 23 minutos antes de su entrada atmosférica.
De acuerdo con los cálculos basados en su magnitud absoluta (33.1), los expertos estimaron que su velocidad relativa al momento del impacto fue de 23 kilómetros por segundo (14 millas por segundo). Este tipo de fenómenos, aunque poco frecuentes, son monitoreados de cerca por agencias espaciales como la NASA para evaluar posibles riesgos futuros.
Hasta el momento, no se han reportado daños materiales ni efectos secundarios asociados a este evento, ya que la desintegración del asteroide ocurrió sobre una zona marina deshabitada. Sin embargo, el caso refuerza la importancia de los sistemas de vigilancia espacial para detectar y estudiar objetos cercanos a la Tierra.
Para más detalles sobre asteroides y su seguimiento, puedes consultar la página del Programa de Objetos Cercanos a la Tierra (NEO) de la NASA.
