El asesor principal de la FIFA y representante ante el Grupo de Trabajo de la Casa Blanca, Carlos Cordeiro, dimitió este viernes en protesta por el controvertido plan del presidente Gianni Infantino para vender participaciones de la Copa del Mundo a inversores privados, una iniciativa que también ha provocado el rechazo frontal de las principales confederaciones de fútbol.
La dimisión de Carlos Cordeiro y la crisis en el círculo de Gianni Infantino
La presión sobre el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, se ha intensificado de forma drástica tras la renuncia de su asesor principal, Carlos Cordeiro. El exdirigente de la Federación de Fútbol de Estados Unidos y exbanco de inversión de Goldman Sachs abandonó su puesto con efectos inmediatos al rechazar categóricamente el proyecto comercial impulsado por la cúpula directiva, según la información difundida por la agencia Associated Press.

Cordeiro, quien solía acompañar a Infantino en sus reuniones de trabajo con el presidente Donald Trump en la Casa Blanca, aseguró que no tuvo conocimiento previo de la iniciativa secreta.
Carlos Cordeiro, asesor principal dimitido de la FIFA, afirmó que no podía quedarse de brazos cruzados mientras la FIFA se planteaba vender una participación en el Mundial, dejó claro que no había tenido nada que ver con esa propuesta y añadió que se oponía a ella de forma inequívoca.
El proyecto FIFA Forward Enterprise y la participación de Joshua Kushner
El núcleo de la discordia radica en la creación de FIFA Forward Enterprise, conocida como FFE, una filial destinada a gestionar las operaciones comerciales y los eventos de la organización, incluidos los torneos mundiales masculinos y femeninos. La propuesta contempla la venta del 20 % de esta estructura a inversores privados por un valor estimado de hasta 20 mil millones de dólares, con el respaldo financiero de una firma neoyorquina fundada por Joshua Kushner, hermano del yerno del presidente estadounidense Jared Kushner, tal como detalla cbsnews.com.
Mientras la directiva sostiene que el organismo no está vendiendo el deporte en sí, las críticas apuntan a la falta de transparencia y a los plazos exigidos a las asociaciones. La decisión de someter el plan a votación de las 211 asociaciones miembro se fijó con un margen de apenas 50 días, un procedimiento calificado por los detractores como apresurado e irresponsable para definir el porvenir del fútbol internacional.
El boicot de la UEFA y el rechazo de las confederaciones de Asia y Norteamérica
La respuesta institucional no se hizo esperar. La UEFA anunció que sus federaciones nacionales no participarán en las competiciones de la FIFA como medida de protesta hasta que la propuesta sea retirada de manera definitiva. A este boicot europeo se sumó la Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe, CONCACAF, que denunció la ausencia de un debido proceso normativo y cuestionó la necesidad de buscar capital externo tras la conclusión de la Copa del Mundo más lucrativa de la historia en Estados Unidos, México y Canadá.
Por su parte, la Confederación Asiática de Fútbol expresó su profunda preocupación ante el desarrollo de la filial comercial, consolidando un bloque mayoritario de oposición entre las asociaciones nacionales.
Descontento interno en Zúrich y advertencias sobre el futuro financiero
El malestar trascendió el entorno inmediato de la presidencia. Kevin Lamour, director de operaciones de la FIFA y colaborador histórico de Infantino, denunció públicamente que el personal administrativo fue engañado respecto a los verdaderos alcances del proyecto comercial. Aunque optó por no dimitir de inmediato, el alto cargo francés advirtió que no teme perder su empleo si defender a sus compañeros conlleva represalias, señalando directamente que la iniciativa responde a intereses particulares ajenos al bienestar general del deporte.

Con el mandato de Infantino bajo la lupa y los plazos de consulta abiertos para las federaciones nacionales, el futuro de la estructura comercial de la FIFA se encuentra en su punto más crítico, a la espera de que los órganos de gobierno decidan si el rumbo financiero de la institución debe mantenerse ligado al capital privado o preservar sus reservas tradicionales.
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